Shkreli, el empresario más repudiado del sector farmacéutico

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Su nombre es Martin, su apellido, Shkreli. Quizás la mayoría de ustedes no sepa de quien se trate, sin embargo, no hay persona que trabaje en la industria farmacéutica que no lo identifique. En el ambiente, su nombre es poco menos que una mala palabra. No en vano este joven de apenas 34 años se ganó el mote de ser el empresario más odiado del sector farmacéutico. Para no restarle suspenso al resto del escrito, aquí no voy a decir lo que hizo sino señalar que la semana pasada un jurado de Nueva York lo condenó a 20 años de cárcel por fraude.

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Martin Shkreli

La industria farmacéutica posee un bajo nivel de aprobación en la población. Este hecho hace que personajes como Martin no sean bienvenidos ya que ayudan a debilitar aún más la maltrecha credibilidad del sector. Quien haya leído mi entrada anterior acerca del precio de los medicamentos y la compare con la presente, se dará cuenta que la magnitud del daño causado por Shkreli, merecidamente repudiado por su comportamiento carente de ética, en realidad, no dista mucho de la magnitud del perjuicio ocasionado por el antiguo CEO de Valeant. Para poder entender de lo que estoy hablando y apreciar mejor lo que sigue del escrito, antes de continuar es aconsejable que lean primero el artículo “El precio de los medicamentos”.

El caso Valeant y los buitres financieros (continuación)

Teniendo presente lo sucedido en el caso Valeant, imaginemos lo que sucedería si la posición de CEO de una empresa farmacéutica la ocupase alguien proveniente del sector bursátil, con la audacia propia de Christian Bale en la película The Big Short y la autoestima de Sheldon Cooper (uno de los personajes de la serie The Big Bang Theory). En realidad este caso, que en apariencia parece hipotético, ya se dio en la práctica cuando Martin Shkreli, un joven de 32 años con el título de Licenciado en Administración de Empresas decidió fundar la empresa Retrophin en el año 2011.

La historia de Shkreli que lo asemeja al personaje de Sheldon Cooper comenzó cuando, a la tierna edad de 17 años, decidió entrar a trabajar como becario en una conocida firma de administración de fondos de alto riesgos de Nueva York. Considerando el rumbo que iría a tomar su vida profesional varios años después, allí Shkreli tuvo una experiencia de vida que iría a marcarlo por el resto de sus días. En un golpe de genialidad, suerte o un acto de mala conducta, le sugirió a su jefe que haga el “shorting” de Regeneron Pharmaceuticals, una empresa que en ese momento tenía en estudios clínicos un fármaco para adelgazar y cuyos resultados aún no se conocían. En el mercado bursátil, “shorting o short-selling” es cuando alguien apuesta a que las acciones de una empresa va a caer y luego hace dinero cuando las acciones de la empresa colapsan (13).

Siguiendo los consejos de Shkreli, su jefe hizo el shorting de la compañía y ganó dinero. Este hecho le permitió al joven ganarse la estima de su jefe, Jim Cramer, un conocido personajes de la televisión americana y al mismo tiempo adquirir cierta reputación dentro del pequeño círculo en el que trabajaba. Sin embargo, su “acierto” puso en alerta a la Comisión de Bolsas y Valores de los Estados Unidos ya que existía la posibilidad de que el acierto hubiese sido producto de una maniobra prohibida en el sector bursátil conocida como “inside trading”. Este término se emplea cuando alguien obtiene información confidencial de una empresa (generalmente antes de que se den a conocer los resultados de los estudios clínicos) y lo usa para beneficio propio, ya sea haciendo el “shorting” o comprando o vendiendo acciones.

Luego de trabajar brevemente como analista en una empresa de servicios de inversión, a los 26 años Shkreli decidió que era hora de finalmente desplegar su talento y conocimiento en el área bursátil. Primero fundó Elea Capital Management, y tres años después MSMB Capital Management, dos firmas de administración de fondos de alto riesgos. Como líder de MSMB Capital Management Shkreli, junto a su amigo Marek Biestek (y cofundador de la empresa) comenzaron a hacer el shorting de algunas empresas de biotecnología y a desprestigiarlas en salas de chat dedicadas al sector bursátil. La avidez por el dinero y la falta de moral, los llevó a enviar cartas a la FDA pidiendo que no se aprueben los productos de empresas a las que ellos le habían hecho el short-selling.

Tiopronina

Tiopronina

Se puede decir que Shkreli no conocía el aspecto científico del desarrollo de medicamentos, sin embargo, también se puede afirmar que no era completamente ajeno al sector farmacéutico ya que parte del éxito de su estrategia basada en el short-selling se debía a su capacidad de interpretar los resultados de estudios clínicos y de encontrar posibles falencias o inconsistencias en los datos. Tras haber hecho dinero con la compra y venta de acciones de empresas de biotecnología durante varios años, a los 28 años de edad Martin Shkreli decidió pisar firme en el sector farmacéutico. Para lograr su meta, se colgó el título de empresario farmacéutico y fundó Retrophin, una empresa dedicada a la compra y desarrollo de fármacos para tratar enfermedades graves.

Related imageSu popularidad como CEO comenzó a aumentar, especialmente una vez que dio a conocer su nueva política empresarial ya que era, ni más ni menos, una copia de la que había implementado Pearson tres años antes en Valeant. Una vez al mando de Retrophin, compró de Mission Pharmacal los derechos de venta de la tiopronina (un fármaco que se usa para la prevención de cálculos en los riñones de los que sufren de cistinuria) y le elevó su precio de 1,5 dólares a 30 dólares por comprimido; un aumento equivalente al 2.000% (14). Curiosamente, Valeant en el año 2014 había comprado los derechos de venta de la penicilamina (conocida como cuprimina), un fármaco de estructura similar a la tiopronina, y elevado su precio en un 5.700% (15).

Penicilamina

Penicilamina

El directorio de Retrophin, viendo el comportamiento inmaduro de su CEO, decidió reemplazarlo en septiembre del año 2014. Shkreli, lejos de amedrentarse, en febrero del año 2015 decidió fundar Turing Pharmaceuticals y continuar con la misma estrategia empresarial. El prestigio de empresario exitoso ganado como dueño de MSMB Capital Management le permitió juntar rápidamente 90 millones de dólares. Con este dinero compró de Impax Laboratories los derechos de venta de la pirimetamina (comercializado bajo el nombre de Daraprim), un medicamento fuera de patente utilizado en el tratamiento de la toxoplasmosis, la malaria y el virus del Sida (16). Shkreli procedió entonces a incrementar el precio del medicamento llevándolo de 13.5 a 750 dólares por comprimido. Este hecho generó un gran revuelo mediático en los Estados Unidos al punto de despertar el interés de las principales figuras políticas del país. Pese a las críticas recibidas por médicos, grupos de defensa al paciente y la sociedad en general, en noviembre del 2015, Turing Pharmaceuticals confirmó que no  bajaría el costo del medicamento pero que pondría en práctica programas de asistencia al paciente. Shkreli, defendió su postura diciendo “si hay una compañía que vende un Aston Martin al precio de una bicicleta y nosotros compramos esa compañía y lo vendemos al precio de un Toyota, no creo que deba considerarse un crimen” (17).

Pirimetamina

Pirimetamina

A los 33 años el joven empresario parecía estar en el oráculo de los Dioses ya que había hecho mucho dinero y era CEO de una compañía que prometía seguir los pasos de Valeant. Sin embargo, su ambición no le permitió detenerse allí y disfrutar de sus logros sino que lo impulsó a tomar nuevos desafíos. En noviembre del año 2015 compró la mayor parte de las acciones de KaloBios Pharmaceuticals y asumió el cargo de CEO de la empresa, manteniendo su cargo en Turing Pharmaceuticals. Sin embargo, a mediados del 2015 la vida de Shkreli y sus aspiraciones de grandeza comenzaron a desgranarse cuando el directorio de Retrophin lo demandó por 65 millones de dólares, acusándolo por irregularidades financieras cometidas durante el período en que se había desempeñado como CEO de la empresa. En diciembre del mismo año fue arrestado y acusado por fraude bursátil y por llevar a cabo operaciones bajo un “esquema Ponzi” (18).

Lo sucedido con Valeant y Turing Pharmaceuticals sirvió para elevar la temperatura de una cuestión que venía calentándose desde mediados de la primera década del 2000. La caída de las acciones de Valeant  (en menos de un año se devaluaron más de 10 veces), el alejamiento de Michael Pearson como CEO y el arresto de Martin Shkreli fueron hechos que la comunidad científica tomó con cierto beneplácito y significaron un guantazo a una estrategia empresarial especulativa cuyo efecto era y es encarecer la medicina, sin agregarle valor.


Quien tenga interés en conocer más sobre el tema, puede consultar el libro “Temas de Ciencia en la Salud“.

 

 

 

Del gas mostaza a la inmunoterapia, una breve historia

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A nivel mundial, aproximadamente 33 millones de persona tienen cáncer y cada año mueren más de 8 millones a causa de la enfermedad. Ese es el principal motivo por el cual, pese al tiempo, dinero y  esfuerzo invertidos en investigación, encontrar la cura del cáncer continúa siendo uno de los grandes desafíos de la investigación biomédica. A principios de los 70, cuando Richard Nixon le declaró la “guerra” al cáncer, muy pocos hubiesen predicho que la lucha contra la enfermedad continuaría siendo tan feroz como al principio y que la comunidad científica hubiese tenido que conformarse con ganar pequeñas batallas en vez de hacerlo con un golpe definitivo y letal.

GAS MOSTAZA

Gas mostaza

Este hecho obedeció a que muchas de las predicciones sobre la posible evolución de la “guerra” contra el cáncer se hicieron en base a un conocimiento muy limitado del “enemigo” y a una sobreestimación de lo que se supone que la ciencia debería lograr con el aporte de grandes cantidades de dinero. Décadas de investigación en el área, dejó en evidencia que el cáncer es un enemigo más sofisticado de lo que se pensaba ya que hoy se sabe que la enfermedad usa estrategias insospechadas de defensa y ataque que, con frecuencia, le asegura el triunfo. También puso en evidencia de que la celeridad con que se desarrollan nuevos medicamentos contra el cáncer está determinado por el tiempo que tarda la ciencia en esclarecer los mecanismos biológicos de la enfermedad y el tiempo que lleva en trasladar ese conocimiento a la clínica.

Mustina o clormetina

Mustina o clormetina

El comienzo de la era moderna de la quimioterapia se remonta al año 1942, cuando Gustaf Lindskog decidió usar la mustina o clormetina (un compuesto relacionado al gas mostaza usado extensamente en la segunda guerra mundial) para tratar un paciente con linfoma no Hodgkin (1). La mustina es un compuesto químico extremadamente irritante para la piel, los ojos y las mucosas, cuya toxicidad proviene de la capacidad que tiene de modificar la estructura del ADN. Seis años más tarde, Sídney Farber, considerado el padre de la quimioterapia moderna, usó con cierto éxito la aminopterina en el tratamiento de 14 niños con leucemia linfoblástica aguda (2).

La aminopterina es un compuesto sintético, perteneciente al grupo de los antifolatos, que afecta la división celular bloqueando reacciones biológicas que son esenciales para la síntesis del ADN y ARN. La elevada toxicidad de la mustina y aminopterina fue el principal motivo por el cual estos dos compuestos no se usaron extensamente en tratamientos oncológicos. Sin embargo, ambos productos químicos ocupan un lugar importante en la historia de la oncología ya que ayudaron a establecer el concepto de que el cáncer podría llegar tratarse exitosamente por medios químicos.

Aminopterina

Aminopterina

Los años 60 y 70 fueron dos décadas extremadamente fértiles para la oncología ya que durante ese período se descubrió una gran cantidad de productos con fuertes propiedades anticancerígenas. De todos, el cisplatino quizás sea el más destacado por su gran actividad contra el cáncer de testículos y ovarios. Durante este período es cuando los oncólogos comenzaron a darse cuenta que el cáncer no era una enfermedad que iría a derrotarse con facilidad ya que además de necesitar fármacos extremadamente tóxicos para el organismo, el cáncer tenía la capacidad de cambiar su biología y volverse resistente a los tratamientos. Algunos de los problemas asociados a la monoterapia, llevó a que los médicos James Holland, Emil Freireich y Emil Frei, desarrollen el concepto de lo que hoy se conoce como quimioterapia combinada o poliquimioterapia. El primer régimen de quimioterapia combinada exitoso, conocido como MOPP, lo llevaron a cabo los doctores Vincent DeVita y George Canellos para tratar los linfomas Hodgkin y no Hodgkin, en el año 1963 (3).

En un principio, el desarrollo de fármacos antineoplásicos se enfocó en encontrar compuestos con propiedades citotóxicas. Dado que muchos de los mecanismos biológicos que afectan a las células malignas también afectan a las células normales, la mayoría de los fármacos oncológicos que pasaron a formar parte de la farmacopea durante la segunda mitad del siglo 20, son altamente tóxicos para el paciente.

A medida que se adquirieron nuevos conocimientos sobre la biología del cáncer, los científicos comenzaron a desentrañar los procesos biológicos que diferencian las células malignas de las sanas. Ese conocimiento permitió la identificación de dianas moleculares (proteínas y genes) que son importantes en la biología del cáncer y el desarrollo de fármacos con capacidad de interferir selectivamente con las mismas. A diferencia de los tratamientos originales que iban dirigidos a una amplia franja de la población, los tratamientos llevados a cabo con los nuevos fármacos van dirigidos a pacientes cuya enfermedad está perfectamente caracterizada a nivel molecular.

Cisplatino

Cisplatino

Las terapias que incluyen estos medicamentos, conocidas como terapias dirigidas contra el cáncer, se inició en el año 1977 con la introducción del tamoxifeno, originalmente aprobado para el tratamiento de cáncer de mamas avanzado. Con el tiempo, los investigadores se dieron cuenta que el medicamento era efectivo solo en mujeres cuyas células tumorales contenían receptores específicos de estrógeno (conocidos como tumores RE-positivos). En este tipo de tumores mamarios las células proliferan por acción de los estrógenos sobre sus receptores. El tamoxifeno pertenece al grupo de lo que se conoce como moduladores selectivo de los receptores estrogénicos (o MSRE) ya que su actividad antiproliferativa obedece a que actúa inhibiendo los receptores de estrógeno (4).

tamoxifeno

Tamoxifeno

En la actualidad hay numerosas terapias dirigidas, aunque aquí, por una cuestión de brevedad, voy a mencionar una que dejó impresionada a la comunidad científica a principios del siglo 21. Me refiero a la entrada al mercado del imatinib, un fármaco sumamente exitoso aprobado originalmente para el tratamiento de la leucemia mieloide crónica (LMC).

El imatinib, aprobado por la FDA en el año 2001, inhibe una quinasa (específicamente, una tirosina quinasa) que está presente solo en célula que poseen un gen producto de una anormalidad genética, conocido como gen de fusión BCR-ABL (5). El gen BCR-ABL (el cual, en realidad, es un oncogén) codifica la síntesis de una quinasa mutada que está activada en forma permanente (es decir, no necesita recibir una señal química para su activación); fenómeno que conduce a una proliferación celular continua. El imatinib no cura la enfermedad ya que el paciente debe tomar el medicamento de por vida, sin embargo, su uso le permite, al 90% de los afectados por esta anormalidad genética (conocida como cromosoma Filadelfia), mantener la enfermedad bajo control en forma indefinida.

Imatinib

Imatinib

El desarrollo de las terapias dirigidas (TD), también conocidas como medicina de precisión o terapias dirigidas molecularmente, permitió dar un gran paso en la lucha contra el cáncer y es en la actualidad donde se centra la mayor parte del esfuerzo en el descubrimiento de nuevos fármacos oncológicos. La prueba está en que, en los Estados Unidos, ya se han aprobado más de 70 TD en los últimos 30 años (6). La mayoría de las TD se basan en compuestos químicos (moléculas pequeñas) o anticuerpos monoclonales (moléculas biológicas de alto peso molecular) que, en general, no intentan matar a la célula tumoral sino detener su crecimiento (medicamentos citostáticos). Los fármacos de origen químico, dado que pueden atravesar la membrana celular (debido a que son pequeños), se diseñan para que interactúen preferentemente con blancos biológicos que están dentro de la célula. Contrariamente, los anticuerpos monoclonales se diseñan para que se unan a moléculas biológicas que están fuera de la célula o en su superficie ya que se sobreentiende que, por ser moléculas gigantes, no podrán atravesar la membrana celular.

La falta de un medicamento oncológico que lo cure todo, con frecuencia, lleva a que muchas personas piensen que existe una falta de correlación entre el tiempo y dinero invertidos con el progreso en el área. Sin embargo, dado que en ciencia los resultados obtenidos nunca son totalmente negativos, el conocimiento adquirido con los medicamentos fallidos nos ha permitido profundizar en el entendimiento no solo de la biología del cáncer sino también de nuestra propia biología. Este conocimiento es el que en la actualidad está permitiendo el desarrollo de nuevos fármacos oncológicos, muchos de los cuales van dirigidos contra los mecanismos que el sistema inmunológico (SI) dispone para evitar atacar a los tejidos sanos (mecanismos de autorregulación), y que las células malignas logran utilizar para poder prosperar.

Esta nueva modalidad de enfrentar al cáncer, conocida como inmunoterapia, es una de las últimas herramientas que la ciencia ha incorporado a la lucha contra el cáncer y es el tema que voy a tratar brevemente en lo que resta de este capítulo. Como podrán comprobar, estos medicamentos no son la bala mágica que destruyen al cáncer, sino fármacos de baja toxicidad (relativo a la quimioterapia) que están pasando a formar parte de un cóctel de compuestos que mejoran sustancialmente la expectativa de vida de los enfermos.

Inmunoterapia

Imagen sacada de Fred Hutchinson CRC

La inmunoterapia oncológica engloba a tratamientos que intentan activar al SI para que destruyan los tumores. De acuerdo a la metodología que usan, los tratamientos se dividen en celulares y farmacológicos. Los tratamientos del primer tipo, conocidos como transferencia adoptiva de linfocitos (TAL), consiste en sacar los linfocitos del paciente con cáncer, hacer que se reproduzcan en el laboratorio en condiciones especiales para aumentarles su afinidad hacia las células tumorales y reinsertarlos nuevamente en el paciente. Cuando a los linfocitos se les aumenta la afinidad hacia las células malignas por medios genéticos, la TAL toma el nombre de CAR-T (del inglés chimeric antigen receptors of T cells). En la actualidad, los tratamientos experimentales basados en la tecnología CART-T son los que están acaparando la mayor parte de la atención de la comunidad científica especializada en el área tanto por su gran efectividad como por sus efectos tóxicos potenciales (7).

Los tratamientos del segundo tipo, aumentan la respuesta inmunológica al cáncer a través del uso de fármacos diseñados para que se unan a las células tumorales o a las células del SI. En este capítulo voy a referirme a la inmunoterapia de origen farmacológico y, dentro de esta categoría, solo a los fármacos que modifican el funcionamiento del SI, ya sea reactivando las células del SI que han quedado “dormidas” o favoreciendo su activación.

Antes de entrar de lleno en el tema de interés tengo dos noticias que darles, una mala y otra buena. La mala es que el tema tiene un cierto grado de complejidad por involucrar conceptos relacionados al sistema biológico más complejo del cuerpo humano (el SI). La buena es que si nos limitamos a los conceptos básicos que relacionan al SI con el cáncer, podremos entender el funcionamiento de la inmunoterapia y el porqué de su importancia como herramienta para combatir dicha enfermedad.


Si le interesa el tema y desea obtener más información, puede encontrarla en el libro Temas de Ciencia en la Salud.

La llegada de las vacunas personalizadas contra el cáncer

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El uso de las vacunas figura entre los grandes logros de la medicina ya que permitió el control de enfermedades que en el pasado diezmaron poblaciones enteras. Pese al tremendo impacto que tuvo en la mortalidad de la población, el éxito quedó confinado principalmente a la prevención de enfermedades causadas por microorganismos. Esto se debe al mecanismo propio con que operan las vacunas, el cual se basa en estimular el sistema inmune (SI) para que responda a los microorganismos (bacterias y virus), los cuales se caracterizan por poseer en su superficie moléculas biológicas completamente distintas a las presentes en células humanas.

Image result for vacuna cancer imagesEstas moléculas características de cada microorganismo, conocidas como antígenos, tienen la propiedad de estimular la producción de anticuerpos por parte del SI cuando se las inyecta. Los anticuerpos son los que se adhieren a los microorganismos, sirviendo como marcadores para que luego ciertas células del SI identifiquen a los invasores y lo destruyan. El uso de vacunas en oncología, quedó limitado en un principio a la prevención de cánceres originados por la acción indirecta de ciertos virus. Este es el caso de las vacunas dirigidas contra los virus de la hepatitis B y del papiloma humano (VPH), las cuales sirven para reducir la incidencia del cáncer de hígado y del desarrollo del cáncer cervical, respectivamente.

La idea de poder desarrollar vacunas terapéuticas (es decir, en la cura y no en la prevención) contra el cáncer comenzó a tomar fuerza cuando los avances en biología estructural permitió determinar que la superficie de las células malignas, además de contener las mismas moléculas biológicas que las células humanas, contienen otras que son características del tipo de tumor (conocidas como neoantígenos). Este hecho abrió la posibilidad de que una vez identificados los neoantígenos, estos puedan producirse en forma artificial e inyectarse con la esperanza de que generen una respuesta inmunológica capaz destruir las células malignas.

Lo que sigue de esta entrada es la traducción de un artículo escrito por Eidi Ledford publicado en la revista Science, el cual recoge la opinión de varios expertos en el área de la inmunología oncológica, referidas a dos ensayos clínicos pequeños que han demostrado el gran potencial que tiene el uso de vacunas terapéuticas personalizadas en oncología. Este artículo toma mayor importancia ya que coincide con la noticia reciente de que CIMAvax, una vacuna desarrollada por científicos cubanos dirigidas contra el cáncer de pulmón, ya ha sido probada en más de 5.000 individuos con resultados sorprendentes.

Las vacunas personalizadas contra el cáncer muestran indicios de eficacia

De acuerdo a los resultados de dos ensayos clínicos pequeños, las vacunas diseñadas para adaptarse al conjunto particular de mutaciones del cáncer de una persona parecen haber evitado los tumores en un puñado de pacientes.

Las vacunas están descriptas en los artículos publicados en la revista Nature del 5 de julio[1, 2]. Los estudios son los primeros en informar que el enfoque (que está ganando apoyo en la academia y la industria) podría combatir el cáncer en seres humanos. Estos estudios también sugieren formas de aumentar el poder de las vacunas cuando se las combina con tratamientos dirigidos al sistema inmunológico, llamados inmunoterapias.

Según Cornelis Melief, un inmunólogo del Centro Médico de la Universidad de Leiden en los Países Bajos y autor de un comentario que acompaña a los documentos,  “es potencialmente un cambio de juego”. “Los dos trabajos indican que los pacientes realmente experimentaron beneficios clínicos”.

Las vacunas son, en principio, similares a las utilizadas contra las enfermedades infecciosas: contienen los componentes únicos de un organismo extraño (en este caso, las células cancerosas) y se mezclan con agentes que estimulan una respuesta inmunológica*. La mezcla se inyecta posteriormente en el paciente con la esperanza de que desencadene un ataque inmunológico lo suficientemente fuerte como para vencer al invasor.

En el caso de las vacunas personalizadas contra el cáncer, los componentes están adaptados para cada paciente y se administran una vez que el cáncer ya se hizo presente (en lugar de tratar de prevenir su aparición)**.

Buscando una respuesta

En estos estudios, los investigadores comenzaron con la secuenciación de los genes que codifican las proteínas presentes en la superficie de las células tumorales de cada paciente. Luego, seleccionaron las proteínas mutantes que tenían más probabilidades de generar una respuesta inmunológica y las utilizaron como base para las vacunas.

Un grupo dirigido por Catherine Wu del Instituto del Dana-Farber Cancer Institute de Boston, vacunó a seis individuos con melanoma, un tipo de cáncer de piel. Formularon para cada persona una vacuna conteniendo hasta 20 fragmentos de proteínas asociadas con las mutaciones presentes en sus tumores [1]. Los participantes, los cuales habían sido operados para extirparles el tumor, tenían alto riesgo de reincidencia de cáncer y no debían recibir más tratamientos a menos que el mismo vuelva. De acuerdo a la Dra. Wu, la recidiva*** ocurre típicamente en aproximadamente la mitad de todos los pacientes con melanoma.

Dos años más tarde, cuatro de los seis pacientes no habían experimentado el regreso de sus tumores. En los dos restantes, aunque los tumores crecieron, ambos experimentaron una remisión completa cuando se los trató posteriormente con una droga que estimula el sistema inmunológico, bloqueando una proteína conocida como PD-1****.

El segundo grupo, dirigido por Ugur Sahin, un médico que estudia inmunología tumoral y genómica del cáncer en la Universidad de Mainz, en Alemania, trató a 13 pacientes con melanoma con vacunas que contenían ARN que codifican hasta 10 proteínas mutadas en cada paciente [2]. Los ocho pacientes que no tenían tumores visibles en el momento de la vacunación permanecieron libres de tumores más de un año después.

Los tumores de los otro cinco participantes se habían propagado para cuando recibieron la vacuna. Tras la misma, los tumores se contrajeron en dos de ellos, pero luego resurgieron en un paciente. Un tercero experimentó una remisión completa después del tratamiento posterior con un inhibidor de PD-1***.

Futuros desafíos

Ya se ha demostrado que las vacunas personalizadas contra el cáncer provocan respuestas inmunitarias en humanos[3]. Sin embargo, estos nuevos ensayos clínicos son los primeros en evaluar si estas respuestas inmunológicas pueden combatir con éxito los tumores. A pesar de que se efectuaron en un número pequeño de pacientes y de que carecían de un grupo control, los resultados son alentadores, dice Robert Schreiber, un inmunólogo de la Universidad de Washington en San Luis, Misuri (EE. UU.). El investigador aclara que ya se están llevando a cabo estudios clínicos más grandes a nivel académico e industrial y que los científicos están particularmente interesados ​​en combinar las vacunas con los inhibidores de PD-1. Schreiber dice “estoy convencido de que las vacunas personalizadas son el camino a seguir”.

Esta área enfrenta aún desafíos, entre ellos el tiempo que se requiere para producirlas ya que los dos equipos tardaron aproximadamente tres meses en formular y fabricar sus vacunas; demasiado tiempo de espera para muchos tipos de cáncer. Sin embargo, ambos grupos dicen que podrían acelerar el proceso a medida que aumenta la demanda. Wu estima que la espera podría reducirse a seis semanas.

Tampoco está claro cuántos tipos de cáncer responderán a este tipo de tratamiento. Las vacunas contra el cáncer pueden funcionar mejor si se dirigen a varias mutaciones, ya que así disminuye la posibilidad de que un tumor se vuelva resistente a la vacuna por la pérdida de una mutación en particular. Los genomas de las células de melanoma tienden a llevar muchas mutaciones. Este hecho le permite tener varias opciones a los investigadores que diseñan las vacunas. Sin embargo, algunos cánceres presentarán menos vías de ataque. Wu dice, “tenemos que pensar en cómo lanzar un ataque en varios frentes. ¿Cuántos frentes? Aún no lo sabemos”.

Sahin dice que con una avalancha de ensayos clínicos esperando, los investigadores lentamente van a poder determinar los cánceres que son más adecuados para este enfoque y la mejor manera de combinar las vacunas con otros tratamientos. “Estamos entrando en la siguiente fase de la inmunoterapia oncológica racional”, concluye Sahin.


  1. Ott, P. A. et alNature http://dx.doi.org/10.1038/nature22991 (2017).
  2. Sahin, U. et alNature http://dx.doi.org/10.1038/nature23003 (2017).
  3. Carreno, B. M. et alScience 348803808 (2015).
  • Nota del traductor: Conocido como adyuvantes. En estos casos se usa un producto sintético conocido como Hiltonol o poli ICLC.

** Nota del traductor: es decir, son vacunas terapéuticas, no profilácticas.

***Nota del traductor: recidiva es una terminología médica que se refiere a la reaparición de una enfermedad poco después del período de convalecencia.

****Nota del traductor: Programmed Cell Death Protein 1.

La flora intestinal y la inmunoterapia

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El ser humano lleva consigo 100 billones* de bacterias de, aproximamente, 1000 especies diferentes. Están presentes en la piel, la nariz, la cavidad bucal, la vagina y los intestinos, y constituyen cerca del 3% de nuestra masa corporal. A medida que avanzan los conocimientos, va quedando en evidencia el rol preponderante que juegan estos microbios en la fisiología humana. Por ejemplo, estudios recientes efectuados en animales llevados a cabo por investigadores de la Universidad de Virginia indican que la composición de la flora intestinal (microbiota natural) podría determinar nuestro estado de ánimo. Este descubrimiento coincide con observaciones a nivel clínico que sugieren una correlación entre la composición de la microbiota y los trastornos del humor en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal.

Image result for immunotherapy imagesA este descubrimiento inesperado se le suma otro que sugiere que la eficacia de algunas inmunoterapias podría depender del tipo de bacteria que coloniza el intestino. La importancia de esta correlación se magnifica por el hecho de que la inmunoterapia agrupa a los tratamientos oncológicos más exitosos de los últimos años. Por lo curioso y la relevancia del tema, y por estar relacionado al segundo capítulo de mi último libro, decidí traducir e incluir en este blog un artículo escrito por Mitch Leslie publicado en la revista Science a fines del 2015.

Los microbios intestinales potencian los tratamientos contra el cáncer

Los inhibidores de puntos de control inmunitario (IPCI), los cuales tienen como objetivo liberar el poder del sistema inmunológico en los tumores, son algunos de los tratamientos más recientes y sorprendentes contra el cáncer. Sin embargo, la mayoría de los pacientes que los reciben no se benefician. Los resultados de dos estudios recientes llevados a cabo en ratones, sugieren que una de las razones de este fenómeno podría obedecer a que las personas que no responden no tienen en los intestinos la mezcla adecuada de bacterias. Ambos estudios demuestran que la composición del microbioma** intestinal (los enjambres de microorganismos que habitan naturalmente en los intestinos), determina la eficacia de estas inmunoterapias contra el cáncer.

Image result for microbioma imagenesEstos estudios son los primeros en vincular a nuestros habitantes intestinales con la potencia de los IPCI, los fármacos que desarticulan uno de los trucos de supervivencia del cáncer. Para evitar el ataque a los tejidos sanos del cuerpo, las células del sistema inmunológico (SI) poseen receptores que disminuyen su actividad. Sin embargo, las células tumorales también pueden estimular estos receptores, evitando así que el SI las ataque. IPCI como el ipilimumab (que está en el mercado desde el año 2011), el nivolumab, y el pembrolizumab impiden que las células tumorales estimulen los receptores***.

Este trabajo de investigación podría cambiar la forma en que los médicos usan estos medicamentos. Según expresó la inmunóloga Yasmine Belkaid del National Institute of Allergy and Infectious Disease de Bethesda, Maryland (quien no estuvo involucrada con estos estudios) “ambos trabajos muestran de manera convincente que los microbios pueden afectar los tratamientos”. El biólogo molecular Scott Bultman de la University of North Carolina School of Medicine, en Chapel Hill, indicó que en el pasado, para explicar la falta de eficacia de un IPCI en particular, los investigadores buscaron la presencia de mutaciones en el genoma del paciente. Agregó, además, que los nuevos resultados son alentadores ya que es “es más fácil cambiar nuestra microbiota intestinal que nuestro genoma”.

 

Los IPCI pueden reducir los tumores y prolongar la vida de los pacientes, a veces durante años. Sin embargo, solo una fracción de los que reciben la medicación mejoran. Por ejemplo, aproximadamente el 20% de los pacientes con melanoma tratados con ipilimumab viven más tiempo. Los investigadores no saben qué es lo que los distingue del otro 80%.

Un efecto secundario del ipilimumab condujo al oncoinmunólogo Laurence Zitvogel y a sus colegas del Gustave Roussy Cancer Campus en Villejuif, Francia, a analizar el microbioma. Con frecuencia, el fármaco desencadena colitis, una inflamación del intestino grueso, lugar en donde vive parte de nuestro microbioma. Ese efecto secundario llevó a los investigadores a pensar que los IPCI podrían interactuar con el mismo. Basados en esta idea, los científicos rastrearon el crecimiento de tumores implantados en ratones que carecen de bacterias intestinales. El IPCI que probaron resultó ser menos potente en este grupo de animales.

El análisis realizado por Zitvogel y colegas sugirió que ciertas bacterias pertenecientes a los géneros Bacteroides y Burkholderia eran las responsables del efecto antitumoral del microbioma. Para confirmar esa posibilidad, los investigadores transfirieron los microbios a ratones sin bacterias intestinales, ya sea alimentándolos con los microorganismos o dándoles las heces ricas en Bacteroides provenientes de algunos pacientes tratados con ipilimumab. En ambos casos, se observó que la presencia de los microbios reforzó la respuesta de los animales a un IPCI. Zitvogel dijo que “nuestro SI puede ser movilizado por los trillones de bacterias que tenemos en nuestro intestino”.

El inmunólogo Thomas Gajewski de la Universidad de Chicago (UC) en Illinois y sus colegas llegaron a una conclusión similar después de notar una disparidad entre los ratones que habían recibido de diferentes proveedores. Los tumores de melanoma crecieron más lentamente en los ratones provenientes de Jackson Laboratory que en los de Taconic Farms. Basados en el hecho de que los microbiomas de los roedores que comparten jaula tienden a homogeneizarse (los animales se comen las heces), los investigadores colocaron los ratones de los dos proveedores en la misma jaula. Los científicos encontraron que la cohabitación borró la diferencia en el crecimiento del tumor, indicando así que la evolución del tumor depende del tipo de microbio presente en el intestino de los roedores.

Cuando analizaron los microbiomas de los ratones, los investigadores identificaron un género bacteriano conocido como Bifidobacterium. El equipo encontró que la alimentación de los ratones de Taconic Farms con un probiótico que contiene varias especies de Bifidobacterium, aumentó la eficacia de un IPCI contra tumores. “La respuesta antitumoral endógena está significativamente influenciada por sus bacterias comensales”, dice el coautor Ayelet Sivan, quien era un doctorando de la UC cuando se llevó a cabo la investigación. Hoy ambos grupos informaron sus resultados online en Science.

Los dos equipos de investigación usaron diferentes grupos bacterianos, sin embargo ese hecho no preocupa al inmunólogo Christian Jobin de la University of Florida College of Medicine, en Gainesville.  Él dice que “diferentes fármacos, diferentes microbios, pero el mismo resultado”. Además, añade que el nuevo trabajo complementa un par de estudios efectuados en el año 2013 donde se demostró que el microbioma afecta cómo funciona la quimioterapia.

De acuerdo a Cynthia Sears, especialista en enfermedades infecciosas en Johns Hopkins School of Medicine, Maryland, el descubrimiento “abre nuevas formas de potencialmente mejorar la terapia”. Por ejemplo, existe la posibilidad de poder reforzar con probióticos la respuesta antitumoral de un paciente. Sin embargo, los investigadores también ven algunos obstáculos en el camino. Como señala Zitvogel, las agencias reguladoras de los EE. UU. y Europa no han aprobado el uso de probióticos para tratar pacientes con cáncer. Tampoco está claro cómo los microbios aumentan la respuesta inmunológica. Las bacterias intestinales son clave para el desarrollo del SI, sin embargo, los investigadores no están seguros acerca de cómo modifican su función en animales maduros. Los científicos recién están aprendiendo a “jugar” con el microbioma. Según Sears, “No está claro que podamos manipular de manera significativa la microbiota y crear efectos positivos para la salud”. Sin embargo, los investigadores dicen que los estudios sugieren que podemos tener algunos nuevos aliados poderosos en la lucha contra el cáncer.

  • Aquí un billón son un millón de millones, equivalente a un trillón para los americanos.

** Nota del traductor: también conocido como microbiota.

*** Nota del traductor: que están en las células del SI.

 

La estricnina, la maldición de la Universidad de Stanford

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Este escrito fue extraído del libro Temas de Ciencia en la Salud.

En el año 2015, Xiangyu Ouyang, una estudiante de medicina de la prestigiosa Universidad de Stanford, decidió agregar paraformaldehído a la botella de agua de cuatro de sus compañeros de laboratorio. De acuerdo a lo narrado a la policía, los estudiantes percibieron rápidamente ardor en la boca, lagrimeo y salivación intensa (2). Por suerte el incidente no pasó a mayores, sin embargo, con esa acción Xiangyu logró convertir al envenenamiento en una tradición que tiñe a la universidad de Stanford desde sus inicios.

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Jane Stanford.

En la tarde en los primeros días del año 1905, Jane Stanford (una de las fundadoras y presidente de la junta administrativa de la universidad), estando en su mansión de San Francisco, bebió del agua mineral que se hacía traer de Polonia. Luego de detectar un sabor amargo en el agua, se indujo vómitos y llamó a gritos a su secretaria personal y empleada doméstica. Después de probar el líquido, ambas coincidieron con que tenía un sabor extraño. Jane envió de inmediato la botella a una farmacia para que analicen su contenido. A las pocas semanas la señora Stanford recibió el informe: La muestra estaba contaminada con estricnina, en cantidades suficientes como para matar a una persona en materia de minutos.

Deprimida por estar convencida de que alguien de su entorno había intentado asesinarla, y afectada por los síntomas de un resfriado persistente producto del clima frío y húmedo de la ciudad de San Francisco, la acaudalada señora decidió emprender un viaje de recuperación a Hawái a principios del año 1905.

Una vez en Honolulu, sintiendo pesadez estomacal luego de la cena, el 28 de febrero le pidió a Bertha Berner, su secretaria personal durante más de 20 años, que le prepare una solución de bicarbonato de sodio. A las 23:15 h, Jane llamó llorando a sus sirvientes pidiendo que traigan con urgencia a un médico asegurando que había sido envenenada nuevamente. Mientras el doctor Francis Humphris le administraba una solución de bromo e hidrato de cloral, Jane se quejaba de que sentía las mandíbulas tiesas y manifestó que lo de ella “era una manera horrible de morir”. Luego sufrió un espasmo tetánico que progresó de forma irremediable hasta dejarla en un estado de rigidez severa. De acuerdo al informe médico “su mandíbula se cerró firmemente, sus muslos se abrieron totalmente, sus piernas se le doblaron hacia adentro, los dedos de sus manos se cerraron y su cabeza se fue hacia atrás” (3).

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Fig 2. Estricnina

El análisis forense indicó que la botella de bicarbonato tenía estricnina, al igual que las muestras de tejido obtenidas durante el examen forense. Basado en estos datos el informe médico forense no dudó en concluir que la acaudalada señora “había muerto por envenenamiento con estricnina”. La sospecha cayó sobre su secretaria Bertha ya que ella también había estado presente en el primer intento de envenenamiento. Sin embargo, los detectives no pudieron probar su culpabilidad dado que la botella de bicarbonato se había comprado en California hacía tiempo y muchas personas habían tenido acceso al equipaje de Jane durante el periodo de empaque.

La rareza asociada a la muerte de la señora Stanford aumentó aún más cuando el presidente de la Universidad de Stanford, David Starr Jordan (a quien Jane planeaba destituirlo de su cargo), decidió intervenir directamente en el caso (4). Cuando se enteró de lo ocurrido, Jordan partió de inmediato hacia la isla y a su arribo contrató al doctor Ernest Waterhouse con el fin de disputar el dictamen de los médicos forense de Honolulu. Pese a las amplias evidencias a favor del dictamen oficial, el prestigio y la presión de Jordan hicieron que los forenses reviertan la opinión original y caratulen el caso como “muerte por fallo cardíaco”.

Fig 3. Semilla del Strychnos nux-vomica

La estricnina es un producto cristalino, de sabor amargo, que se extrae de las semillas y la corteza del Strychnos nux-vomica, conocido también como el árbol de estricnina o nuez vómica (5). El árbol es originario de la India, alcanza los 15 m de altura y sus hojas son ovaladas y lustrosas. Además de la estricnina, sus semillas contienen la brucina, un alcaloide más venenoso que la propia estricnina (6). En las figuras 2 y 4 (7), puede apreciarse la gran similitud que existe entre ambos productos naturales. Desde el punto de vista químico, la estricnina pertenece al grupo de los alcaloides y su estructura es tan compleja que ha llamado la atención de muchos químicos orgánicos. Hasta la fecha la sintetizaron 18 veces, siendo el nobel Robert Woodward el primero en haberla formalizado en el año 1954.

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Fig 4. Brucina

La estricnina quizás no sea el producto natural más usado en homicidios, sin embargo, es uno de los que posiblemente produce el peor efecto en la víctima, sobre todo, porque la misma permanece consciente hasta último momento. Este producto natural mata a un adulto en dosis que van entre los 100-500 mg, y los primeros efectos (convulsiones) comienzan a manifestarse a los 15 minutos de ingerido. Mata a la víctima por asfixia y su efecto a nivel del sistema nervioso central obedece a que actúa como agonista de los receptores de los neurotransmisores glicina y acetilcolina. Fue el veneno preferido de Oskar Dirlewanger, uno de los jerarcas más crueles que tuvo el régimen Nazi. Este comandante de la SS,  entre otras aberraciones, dicen que gozaba con desnudar a las mujeres, darles de beber una poción de estricnina y ver como se retorcían antes de morir. Históricamente, la estricnina se usó para matar ratas y animales asilvestrados. En la actualidad, muchos países han prohibido su uso y la han remplazado por venenos que matan al animal causándole menor sufrimiento.

 

Ensayos clínicos mortales: el caso BIA 10-2474

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El 9 julio del año 2015, la empresa francesa Biotrial había iniciado los estudios clínicos de fase 1 de BIA 10-2474, un fármaco experimental perteneciente a la empresa farmacéutica Bial. El 10 de enero del año 2016, cinco días luego de haberse iniciado el protocolo con la dosis más elevada del fármaco, uno de los voluntarios comenzó a sentirse mal y tuvo que ser internado de urgencia en el hospital con síntomas semejantes al de un accidente cerebrovascular. El paciente entró en coma y murió a los dos días. Además, otros cuatro voluntarios pertenecientes al mismo grupo fueron ingresados con signos similares, y si bien sobrevivieron, quedaron con secuelas neurológicas irreversibles.

Biotrial Drug EvaluationEste hecho causó  gran sorpresa y preocupación en la comunidad científica ya que este tipo de eventos es muy poco común en esta etapa de los estudios clínicos (fase 1). Conviene recordar que este tipo de ensayos se hace precisamente, entre otros motivos, para establecer la dosis a la cual el medicamento comienza a mostrar signos de toxicidad.  Para obtener estos datos con el menor riesgo posible, los investigadores le administran a cada participante (voluntarios, generalmente pagos por la empresa que patrocina el estudio) una dosis muy baja de la droga en estudio y la van incrementando lentamente. Los datos recogidos se usan posteriormente para establecer el rango de dosis seguras (o de bajo riesgo) para comenzar los ensayos clínicos de fase 2.

El caso BIA 10-2474, más allá del sufrimiento y la pérdida humana que dejó como saldo, sirve para alertarnos  de los riesgos a lo que se exponen los voluntarios que deciden participar en los estudios clínicos, en este caso de fase 1, y para señalarnos la necesidad de tener que mejorar la batería de estudios preclínicos (en animales y células) y los protocolos de estudios clínicos.

Lo que resta de este escrito es una traducción de un artículo escrito por Hinnerk Feldwisch-Drentrup publicado en la revista Science del mes de junio de este año. El autor narra los esfuerzos efectuados por un grupo de investigadores con el fin de elucidar el posible mecanismo biológico que derivó en la tragedia ocurrida durante el estudio clínico llevado a cabo a cabo con la droga experimental BIA 10-2474.

Nuevas pistas que explican las razones por las que un estudio clínico en Francia terminó en tragedia

Los científicos están más cerca de entender el por qué un ensayo clínico en Francia mató a un voluntario y llevó a la hospitalización de otros cinco en enero de 2016. Un nuevo estudio muestra que el fármaco experimental BIA 10-2474, además de inhibir a la enzima esperada, afecta a muchas otras. Estos efectos “fuera de objetivo” (off-target) podrían explicar por qué el fármaco causó efectos secundarios que van desde dolores de cabeza hasta daño cerebral irreversible.

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BIA 10-2474

“Sospechábamos que BIA 10-2474 era un mal compuesto; ahora lo sabemos con seguridad”, dice el neurofarmacólogo Daniele Piomelli de la Universidad de California, Irvine, quien no estuvo involucrado en el nuevo estudio.

La molécula había sido fabricada por la farmacéutica portuguesa Bial y probada en estudio de fase I (voluntarios sanos) por la empresa Biotrial, una empresa francesa de investigación por contrato ubicada en Rennes, Francia. BIA 10-2474 inhibe una enzima llamada amida hidrolasa de ácidos grasos (FAAH), encargada de descomponer los endocanabinoides en el cerebro. Investigaciones previas sugerían que los inhibidores de la FAAH podrían ayudar a tratar la ansiedad, el dolor crónico o trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Parkinson. A pesar que otras empresas farmacéuticas, incluyendo Pfizer, ya habían abandonado los inhibidores de FAAH debido a los resultados decepcionantes obtenidos en los estudios de eficacia, la mayoría de las moléculas habían mostrado ser seguras, como lo confirmó lo FDA en agosto de 2016.

Sin embargo, éste no resultó ser el caso con BIA 10-2474. El neurocientífico Steven Kushner del Centro Médico de la Universidad Erasmus en Rotterdam, el biólogo Mario van der Stelt de la Universidad de Leiden, junto a colegas de otros institutos, decidieron averiguar el motivo.

Los investigadores usaron una técnica llamada “caracterización de proteínas basada en la actividad”, lo que les permitió analizar la actividad de la molécula en un grupo significativo de enzimas presentes en células humanas vivas. Encontraron que en concentraciones más altas, el medicamento de Bial interrumpía la actividad de varias lipasas; enzimas que descomponen los ácidos grasos. Por el contrario,  el fármaco de Pfizer no mostraba el mismo comportamiento. Una de las enzimas “fuera de objetivo” es la que se conoce como PNPLA6. Estudios previos habían establecido una correlación entre los defectos del gen que codifica para esta enzima con trastornos neurológicos raros. De acuerdo al grupo de expertos, estos resultados sugieren que BIA 10-2474 podría alterar la forma en que las neuronas de la corteza cerebral metabolizan los lípidos.

Sin embargo, los investigadores no están completamente seguros de que los efectos “fuera de objetivo” sean los responsables del daño cerebral observado en los estudios clínicos. De acuerdo a Van der Stelt, “todavía no tenemos pruebas de la existencia de una relación causal. Una manera de averiguarlo podría ser analizando muestras del cerebro de la persona fallecida.”

De acuerdo a Van der Stelt, los efectos “fuera de objetivo” del fármaco podrían depender de la especies biológicas en estudio. Este hecho explicaría el por qué los estudios toxicológicos efectuados en ratas y ratones no pusieron en evidencia el peligro del fármaco. Sin embargo, de acuerdo a Van der Stelt, “la empresa propietaria del fármaco experimental podría haber detectado el riesgo de la droga si hubiese examinado a fondo los efectos “fuera de objetivo” en células humanas, tal como se hizo en el nuevo estudio. Eso es lo que hizo Pfizer con su inhibidor FAAH.”

Jürg Gertsch, bioquímico de la Universidad de Berna, está de acuerdo. Jürg dice que es “increíble” que la empresa no haya hecho estudios más extensos sobre los efectos de la droga antes de probarla en humanos. Gertsch estudió personalmente los efectos de BIA 10-2474 en células de sangre humana; estudio que aún no fue publicado.

“El nuevo estudio no proporciona una explicación sobre la toxicidad observada con el compuesto BIA 10-2474, pero sí resalta su naturaleza promiscua”, dice Pomelli, quien califica la decisión de avanzar con el estudio en humano como “profundamente equivocada”. Agrega además, que las dosis administradas a los voluntarios en el grupo donde ocurrió el accidente fueron innecesariamente altas, ya que la inhibición total de FAAH ocurre a un nivel mucho más bajo.

Según un portavoz de la empresa, Bial da la bienvenida a “cualquier estudio” que pudiera ayudar a arrojar luz sobre este incidente. Añade que los resultados de la investigación llevada a cabo por la empresa se alinean mayormente con el nuevo documento pero que es poco probable que puedan explicar los efectos neurológicos observados en el estudio.

Aunque las empresas Bial y Biotrial fueron fuertemente criticadas por el estudio, las autoridades francesas llegaron a la conclusión de que ninguna de las dos empresas violaron las regulaciones de ensayos clínicos. A raíz del caso, la Agencia Europea de Medicamentos está evaluando implementar normas más estrictas para los estudios clínicos de fase 1.

Los efectos de las noticias falsas sobre la salud de nuestro planeta

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Este tema se aparta de los tópicos tratados en el blog, sin embargo, por su gran actualidad e impacto en el curso de las negociaciones sobre el cambio climático, decidí incluirlo, además de estar estrechamente vinculado al primer capítulo de mi último libro. Este escrito es una traducción literal de un artículo que apareció publicado en la revista Nature Communications en abril de este año.

Las noticias falsas amenazan a un mundo instruido en materia de clima

El 2015 puede considerarse como el año más significativo desde el punto de vista del medio ambiente: el acuerdo de París sobre el cambio climático y la agenda para el desarrollo sostenible del año 2030 son dos acuerdos internacionales sin precedentes, los cuales, combinados, ofrecen una guía para lograr un mundo con bajas emisiones de carbono, resistente al cambio climático y para erradicar la pobreza a nivel global. Sin embargo, dado que la implementación de estos acuerdos depende en gran medida de las leyes ambientales y las políticas climáticas promulgadas por los gobiernos electos, muchos argumentan que una sociedad compuesta por ciudadanos alfabetizados en cuestiones climáticas y ambientalmente es esencial para su éxito (un argumento aparentemente reforzado por los severos cortes a los programas científicos propuestos por la administración norteamericana recientemente elegida).

Una forma de darle poder a los conocimientos es aumentando la difusión de la información científica. La UNESCO considera que el acceso abierto a la literatura es fundamental para el descubrimiento científico, la innovación y el desarrollo socioeconómico, y lo ha señalado como la clave para lograr la mayoría de los objetivos de desarrollo sostenible para el año 2030 (http://www.unesco.org/new/en/communication-and-information/access-to-knowledge/open-access-to-scientific-information/). Este sentimiento es altamente compartido por los editores de Nature Communications (todos nuestros artículos están disponibles gratuitamente desde enero del año 2016 y se publican bajo una licencia común menos restrictiva, permitiendo su máxima reutilización). Sin embargo, dada la proliferación de desinformación impulsada por las noticias falsas que caracterizan a la sociedad moderna, ¿alcanza solamente con el suministro de conocimiento?

Si bien el concepto tomó nuevo ímpetu luego de las recientes elecciones en los EE. UU., las noticias falsas han abundado en las áreas de ciencia del clima y del medioambiente durante décadas. Para muchos, las campañas de información errónea, la exposición selectiva a los medios de comunicación, las controversias fabricadas, los hechos alternativos y los “false balance” de los medios (Boykoff, M.T. y Boykoff, J.M. Glob. Environ. Chang., 14, 125-136 (2004)), manipularon el conocimiento científico, sembraron la semilla de la duda y confundieron a la población; hecho que amenaza con descarrilar el progreso logrado en materia ambiental.

La concienciación pública acerca del consenso científico sobre el cambio climático causado por el ser humano, es un excelente ejemplo acerca de las consecuencias asociadas a la desinformación científica. Con un 97% de los expertos científicos de acuerdo con que el cambio climático es el resultado de la actividad humana, el consenso en materia ambiental es claro (Cook, J. et al., Environ. Res. Let. 8, 024024 (2013)). Sin embargo, una encuesta realizada en el año 2016 por el  Programa Sobre la Comunicación del Cambio Climático de la Universidad de Yale, mostró que más de la mitad de los norteamericanos desconocen que existe un consenso y que el 28% cree que existe una gran incertidumbre (http://climatecommunication.yale.edu/visualizations-data/ycom-us-2016/).

La mitad de los americanos y dos tercios de los británicos admiten desconocer el origen de las noticias que alimentan los medios sociales (https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/sites/default/files/Digital-News-Report-2016.pdf). La preferencia de la gente por asociarse con quienes piensan de forma similar y el efecto cámara de eco generado por los  medios sociales pueden perpetuar el problema. Esto es especialmente preocupante dado que, a los 18 años de edad, el 88% de los adultos jóvenes afirman recibir noticias a través de Facebook y otras redes sociales.(http://www.mediainsight.org/PDFs/Millennials/Millennials%20Report%20FINAL.pdf).

Es poco probable que un aumento de la visibilidad de la información científica por sí solo resuelva este problema. Estudios sociológicos demuestran que los valores, la visión del mundo y la orientación política de los individuos tienen mayor peso en la opinión sobre los riesgos ambientales (como es el cambio climático), que el conocimiento científico (Stern, P. C. Nat. Clim. Chang. 6, 341-342 (2016)). Es prudente entonces proveer a la gente a edades tempranas de las herramientas necesarias para que pueda distinguir las noticias falsas, antes de que se defina políticamente y establezca sus redes sociales. Esto es especialmente importante a la luz de resultados recientes que indican que el 82% de los estudiantes de escuelas intermedias y secundarias de los EE. UU. no puede distinguir entre un post patrocinado y un artículo real en la misma página web (https://sheg.stanford.edu/upload/V3LessonPlans/Executive%20Summary%2011.21.16.pdf), y que un número significativo de maestros estadounidenses no mencionan en sus programas de estudios de la escuela media y secundaria, a la actividad humana como la causa subyacente del cambio climático (Plutzer, E. et al., Science 351, 664 – 665 (2016)).

La magnitud de la problemática es desalentadora y es probable que la solución al problema requiera del esfuerzo colectivo de las partes interesadas, ​​si se desea obtener un cambio perceptible. Sin embargo, están surgiendo signos positivos ya que los educadores planean instalar programas de alfabetización mediática para entrenar a los estudiantes en el uso del pensamiento crítico y la verificación independiente de los hechos.  Algunos sectores de los medios están apartándose del “false balance” y están adoptando un enfoque más interpretativo, donde las opiniones son contextualizadas (Bruggemann, M. & Engesser, S. Glob. Environ. Chang. 42, 58–67 (2017)). Además, Facebook y otras redes sociales están estableciendo colaboraciones con organizaciones que ayudan a la verificación de los hechos.

Un número cada vez mayor de científicos está tratando de involucrarse con la sociedad dando a conocer sus investigaciones, sin embargo, (al igual que el resto de la gente)* corren el peligro de caer en la trampa de su propia cámara de eco. La mayoría de los científicos cita como objetivo primordial el intercambio de información con sus colegas, y aquellos que llegan más allá del círculo académico priorizan la educación y la defensa del hecho científico sobre la de crear confianza y la de establecer resonancia con el público (Dudo, A. y Besley, J.C. PLoS ONE 11, e0148867 (2016)). Como editores, podemos ayudar en la construcción de esta relación de confianza a través de iniciativas como es la implementación de revisión por pares abierta y transparente, las cuales alumbran el intenso escrutinio a los que se someten los trabajos científicos que se publican, y también la de facilitar a los contribuyentes el acceso a los resultados de las investigaciones financiada públicamente.

Los científicos deben contar con el entrenamiento, el tiempo y la guías necesarias para aprovechar las herramientas tecnológicas disponibles para así lograr el máximo potencial como educadores. Además, deben involucrarse con la temática de forma que puedan establecer con el público un diálogo bidireccional y abordar en forma específica los factores que contribuyen a la percepción que tiene la sociedad sobre los riesgos ambientales, en lugar de simplemente comunicar más hechos físicos. El advenimiento de un nuevo campo interdisciplinario conocido como ecología traslacional, el cual  busca dotar a los científicos con las habilidades necesarias para traducir la investigación ambiental en normas, representa un paso prometedor en esta dirección (Schlesinger, W. H. Science 329, 609 (2010)).

Si aspiramos a que las iniciativas ambientales duramente ganadas en los últimos dos años tengan éxito, se hace necesario inocular eficientemente a la sociedad contra las noticias falsas. Si las partes interesadas deciden aceptar colectivamente la responsabilidad de abordar esta problemática, quizás estemos a tiempo de que el 2015 sea un año para celebrar y recordar.

  • Nota del traductor.

Fuente: https://www.nature.com/articles/ncomms15460