Shkreli, el empresario más repudiado del sector farmacéutico

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Su nombre es Martin, su apellido, Shkreli. Quizás la mayoría de ustedes no sepa de quien se trate, sin embargo, no hay persona que trabaje en la industria farmacéutica que no lo identifique. En el ambiente, su nombre es poco menos que una mala palabra. No en vano este joven de apenas 34 años se ganó el mote de ser el empresario más odiado del sector farmacéutico. Para no restarle suspenso al resto del escrito, aquí no voy a decir lo que hizo sino señalar que la semana pasada un jurado de Nueva York lo condenó a 20 años de cárcel por fraude.

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Martin Shkreli

La industria farmacéutica posee un bajo nivel de aprobación en la población. Este hecho hace que personajes como Martin no sean bienvenidos ya que ayudan a debilitar aún más la maltrecha credibilidad del sector. Quien haya leído mi entrada anterior acerca del precio de los medicamentos y la compare con la presente, se dará cuenta que la magnitud del daño causado por Shkreli, merecidamente repudiado por su comportamiento carente de ética, en realidad, no dista mucho de la magnitud del perjuicio ocasionado por el antiguo CEO de Valeant. Para poder entender de lo que estoy hablando y apreciar mejor lo que sigue del escrito, antes de continuar es aconsejable que lean primero el artículo “El precio de los medicamentos”.

El caso Valeant y los buitres financieros (continuación)

Teniendo presente lo sucedido en el caso Valeant, imaginemos lo que sucedería si la posición de CEO de una empresa farmacéutica la ocupase alguien proveniente del sector bursátil, con la audacia propia de Christian Bale en la película The Big Short y la autoestima de Sheldon Cooper (uno de los personajes de la serie The Big Bang Theory). En realidad este caso, que en apariencia parece hipotético, ya se dio en la práctica cuando Martin Shkreli, un joven de 32 años con el título de Licenciado en Administración de Empresas decidió fundar la empresa Retrophin en el año 2011.

La historia de Shkreli que lo asemeja al personaje de Sheldon Cooper comenzó cuando, a la tierna edad de 17 años, decidió entrar a trabajar como becario en una conocida firma de administración de fondos de alto riesgos de Nueva York. Considerando el rumbo que iría a tomar su vida profesional varios años después, allí Shkreli tuvo una experiencia de vida que iría a marcarlo por el resto de sus días. En un golpe de genialidad, suerte o un acto de mala conducta, le sugirió a su jefe que haga el “shorting” de Regeneron Pharmaceuticals, una empresa que en ese momento tenía en estudios clínicos un fármaco para adelgazar y cuyos resultados aún no se conocían. En el mercado bursátil, “shorting o short-selling” es cuando alguien apuesta a que las acciones de una empresa va a caer y luego hace dinero cuando las acciones de la empresa colapsan (13).

Siguiendo los consejos de Shkreli, su jefe hizo el shorting de la compañía y ganó dinero. Este hecho le permitió al joven ganarse la estima de su jefe, Jim Cramer, un conocido personajes de la televisión americana y al mismo tiempo adquirir cierta reputación dentro del pequeño círculo en el que trabajaba. Sin embargo, su “acierto” puso en alerta a la Comisión de Bolsas y Valores de los Estados Unidos ya que existía la posibilidad de que el acierto hubiese sido producto de una maniobra prohibida en el sector bursátil conocida como “inside trading”. Este término se emplea cuando alguien obtiene información confidencial de una empresa (generalmente antes de que se den a conocer los resultados de los estudios clínicos) y lo usa para beneficio propio, ya sea haciendo el “shorting” o comprando o vendiendo acciones.

Luego de trabajar brevemente como analista en una empresa de servicios de inversión, a los 26 años Shkreli decidió que era hora de finalmente desplegar su talento y conocimiento en el área bursátil. Primero fundó Elea Capital Management, y tres años después MSMB Capital Management, dos firmas de administración de fondos de alto riesgos. Como líder de MSMB Capital Management Shkreli, junto a su amigo Marek Biestek (y cofundador de la empresa) comenzaron a hacer el shorting de algunas empresas de biotecnología y a desprestigiarlas en salas de chat dedicadas al sector bursátil. La avidez por el dinero y la falta de moral, los llevó a enviar cartas a la FDA pidiendo que no se aprueben los productos de empresas a las que ellos le habían hecho el short-selling.

Tiopronina

Tiopronina

Se puede decir que Shkreli no conocía el aspecto científico del desarrollo de medicamentos, sin embargo, también se puede afirmar que no era completamente ajeno al sector farmacéutico ya que parte del éxito de su estrategia basada en el short-selling se debía a su capacidad de interpretar los resultados de estudios clínicos y de encontrar posibles falencias o inconsistencias en los datos. Tras haber hecho dinero con la compra y venta de acciones de empresas de biotecnología durante varios años, a los 28 años de edad Martin Shkreli decidió pisar firme en el sector farmacéutico. Para lograr su meta, se colgó el título de empresario farmacéutico y fundó Retrophin, una empresa dedicada a la compra y desarrollo de fármacos para tratar enfermedades graves.

Related imageSu popularidad como CEO comenzó a aumentar, especialmente una vez que dio a conocer su nueva política empresarial ya que era, ni más ni menos, una copia de la que había implementado Pearson tres años antes en Valeant. Una vez al mando de Retrophin, compró de Mission Pharmacal los derechos de venta de la tiopronina (un fármaco que se usa para la prevención de cálculos en los riñones de los que sufren de cistinuria) y le elevó su precio de 1,5 dólares a 30 dólares por comprimido; un aumento equivalente al 2.000% (14). Curiosamente, Valeant en el año 2014 había comprado los derechos de venta de la penicilamina (conocida como cuprimina), un fármaco de estructura similar a la tiopronina, y elevado su precio en un 5.700% (15).

Penicilamina

Penicilamina

El directorio de Retrophin, viendo el comportamiento inmaduro de su CEO, decidió reemplazarlo en septiembre del año 2014. Shkreli, lejos de amedrentarse, en febrero del año 2015 decidió fundar Turing Pharmaceuticals y continuar con la misma estrategia empresarial. El prestigio de empresario exitoso ganado como dueño de MSMB Capital Management le permitió juntar rápidamente 90 millones de dólares. Con este dinero compró de Impax Laboratories los derechos de venta de la pirimetamina (comercializado bajo el nombre de Daraprim), un medicamento fuera de patente utilizado en el tratamiento de la toxoplasmosis, la malaria y el virus del Sida (16). Shkreli procedió entonces a incrementar el precio del medicamento llevándolo de 13.5 a 750 dólares por comprimido. Este hecho generó un gran revuelo mediático en los Estados Unidos al punto de despertar el interés de las principales figuras políticas del país. Pese a las críticas recibidas por médicos, grupos de defensa al paciente y la sociedad en general, en noviembre del 2015, Turing Pharmaceuticals confirmó que no  bajaría el costo del medicamento pero que pondría en práctica programas de asistencia al paciente. Shkreli, defendió su postura diciendo “si hay una compañía que vende un Aston Martin al precio de una bicicleta y nosotros compramos esa compañía y lo vendemos al precio de un Toyota, no creo que deba considerarse un crimen” (17).

Pirimetamina

Pirimetamina

A los 33 años el joven empresario parecía estar en el oráculo de los Dioses ya que había hecho mucho dinero y era CEO de una compañía que prometía seguir los pasos de Valeant. Sin embargo, su ambición no le permitió detenerse allí y disfrutar de sus logros sino que lo impulsó a tomar nuevos desafíos. En noviembre del año 2015 compró la mayor parte de las acciones de KaloBios Pharmaceuticals y asumió el cargo de CEO de la empresa, manteniendo su cargo en Turing Pharmaceuticals. Sin embargo, a mediados del 2015 la vida de Shkreli y sus aspiraciones de grandeza comenzaron a desgranarse cuando el directorio de Retrophin lo demandó por 65 millones de dólares, acusándolo por irregularidades financieras cometidas durante el período en que se había desempeñado como CEO de la empresa. En diciembre del mismo año fue arrestado y acusado por fraude bursátil y por llevar a cabo operaciones bajo un “esquema Ponzi” (18).

Lo sucedido con Valeant y Turing Pharmaceuticals sirvió para elevar la temperatura de una cuestión que venía calentándose desde mediados de la primera década del 2000. La caída de las acciones de Valeant  (en menos de un año se devaluaron más de 10 veces), el alejamiento de Michael Pearson como CEO y el arresto de Martin Shkreli fueron hechos que la comunidad científica tomó con cierto beneplácito y significaron un guantazo a una estrategia empresarial especulativa cuyo efecto era y es encarecer la medicina, sin agregarle valor.


Quien tenga interés en conocer más sobre el tema, puede consultar el libro “Temas de Ciencia en la Salud“.

 

 

 

El precio de los medicamentos

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El contenido de esta entrada ha sido extraido del libro Temas de Ciencia en la Salud.

El caso Valeant y los buitres financieros

En el año 2002, Celera, la empresa donde trabajaba, nombró a Kathy Ordoñez como nuevo CEO (una posición equivalente a la de presidente). Esta designación sorprendió a la mayoría de los empleados ya que su experiencia previa era en el área de diagnóstico y no en el de desarrollo de fármacos, como todos esperábamos. Al asumir su nuevo rol, Kathy, una mujer de voz suave y personalidad carismática, se encargó de apaciguar el ánimo de los empleados asegurando que la compañía continuaría enfocándose en el desarrollo de nuevos fármacos. Tres años más tarde, cuando las reservas de dinero de la empresa habían mermado sustancialmente, Kathy anunció que Celera había decidido orientarse hacia el desarrollo de nuevos “kit” de diagnósticos. Como consecuencia, la empresa desmanteló el área de investigación y desarrollo de fármacos despidiendo entre otros a químicos, biológicos y farmacólogos, y vendió los proyectos más avanzados a otras empresas. Esta pequeña historia de la cual fui parte, sirve para confirmar que gran parte del futuro de una empresa se decide en el mismo momento en que el directorio elige a su CEO.

Imaginemos ahora qué sucedería si el directorio de una empresa farmacéutica, en vez de elegir a un CEO con conocimiento en el área farmacéutica elige a uno sin experiencia en el área, y con trayectoria en administración de empresas. La respuesta a esa incógnita puede encontrarse analizando lo sucedido con Valeant Pharmaceuticals International (Valeant), la empresa farmacéuticas canadiense más grande especializada en la venta de genéricos.

Image result for valeant pharmaceuticals logoValeant se creó en el año 2003 cuando ICN Pharmaceuticals, luego de unirse a Viratek y SPI Pharmaceuticals, decidió adoptar el nombre de Valeant Pharmaceuticals International. En el año 2008 el directorio de la empresa nombró como CEO a J. Michael Pearson, un licenciado en ciencias económicas que había trabajado para una organización especializada en asesoría de administración de empresas. Pearson no era un desconocido para el directorio de Valeant (ni tampoco las ideas que posteriormente iría a implementar), ya que en el momento de su nombramiento estaba actuando como consultor de la empresa (10).

Tras su asunción, Pearson dejó en claro que adoptaría una estrategia empresarial de bajo riesgo que aseguraría a los inversores de Valeant buenas ganancias. Las palabras de Pearson habrán resonado dulcemente en las paredes del auditorio donde habló por primera vez.  Sin embargo, me imagino que aquellos con experiencia en el área de investigación de fármacos habrán quedado probablemente boquiabiertos ya que el calificativo “bajo riesgo” no es algo que se escucha a menudo en el ámbito farmacéutico, especialmente en empresas que aspiran a descubrir nuevos medicamentos.

Dado que Pearson sabía que el dinero destinado a investigación y desarrollo (R&D) en la industria farmacéutica es dinero de alto riesgo, el nuevo CEO decidió que Valeant invertiría un mínimo en R&D (un 6% en lugar de 15-20% como es la norma) y las ganancias vendrían de la comercialización de fármacos antiguos, vendidos a precios (ridículamente) elevados. De esta forma, Valeant haría dinero con la venta de medicamentos en vez de cumplir con la misión de ayudar al desarrollo de nuevos fármacos. En el modelo de Pearson, la presencia de R&D, serviría mayormente para encubrir un modelo empresarial rapaz, insensible a la necesidad de la gente, basado en el aumento injustificado del precio de medicamentos antiguos.

 

Para lograr su objetivo, el nuevo CEO comenzó a comprar pequeñas empresas farmacéuticas a las cuales cerraba en forma inmediata tras obtener lo que era realmente importante para su gestión: sus productos, en este caso, fármacos y sus derechos de venta. Esta estrategia comercial les garantizó a los inversores de Valeant buenas ganancias y jugosos dividendos. Las acciones de Valeant se multiplicaron por 25 en menos de siete años y la empresa llegó a ser una multinacional con presencia en 80 países. Esta estrategia le permitió a su Pearson lograr su objetivo personal (no declarado por razones obvias) de convertirse en multimillonario de la noche a la mañana. El éxito de Valeant como empresa  y con sus accionistas podemos decir que fue proporcional al daño financiero que causó en la población ya que su política estuvo asociada al despido de cientos de personas y a un aumento considerable en la carga financiera del sistema de salud de los Estados Unidos y Canadá.

 

 

Como ejemplo para ilustrar al lector sobre lo mencionado en el párrafo anterior podemos mencionar lo sucedido con el nitroprusiato y la isoprenalina, dos fármacos que llevaban años en el mercado. Valeant compró los derechos de venta de ambos, los bautizó con otros nombres (Nitropress e Isuprel) y les incrementó el precio en un 212% y un 525%, respectivamente (11). Una estrategia similar fue la que aplicó con la metformina, un fármaco para la diabetes en venta desde los años 50 y que era comercializado por Salix Pharmaceuticals a un precio razonable (12). En el año 2015 Valeant compró a Salix, le dio a su producto el nombre de Glumetza® y elevó su precio en un 800%.