Los efectos de las noticias falsas sobre la salud de nuestro planeta

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Este tema se aparta de los tópicos tratados en el blog, sin embargo, por su gran actualidad e impacto en el curso de las negociaciones sobre el cambio climático, decidí incluirlo, además de estar estrechamente vinculado al primer capítulo de mi último libro. Este escrito es una traducción literal de un artículo que apareció publicado en la revista Nature Communications en abril de este año.

Las noticias falsas amenazan a un mundo instruido en materia de clima

El 2015 puede considerarse como el año más significativo desde el punto de vista del medio ambiente: el acuerdo de París sobre el cambio climático y la agenda para el desarrollo sostenible del año 2030 son dos acuerdos internacionales sin precedentes, los cuales, combinados, ofrecen una guía para lograr un mundo con bajas emisiones de carbono, resistente al cambio climático y para erradicar la pobreza a nivel global. Sin embargo, dado que la implementación de estos acuerdos depende en gran medida de las leyes ambientales y las políticas climáticas promulgadas por los gobiernos electos, muchos argumentan que una sociedad compuesta por ciudadanos alfabetizados en cuestiones climáticas y ambientalmente es esencial para su éxito (un argumento aparentemente reforzado por los severos cortes a los programas científicos propuestos por la administración norteamericana recientemente elegida).

Una forma de darle poder a los conocimientos es aumentando la difusión de la información científica. La UNESCO considera que el acceso abierto a la literatura es fundamental para el descubrimiento científico, la innovación y el desarrollo socioeconómico, y lo ha señalado como la clave para lograr la mayoría de los objetivos de desarrollo sostenible para el año 2030 (http://www.unesco.org/new/en/communication-and-information/access-to-knowledge/open-access-to-scientific-information/). Este sentimiento es altamente compartido por los editores de Nature Communications (todos nuestros artículos están disponibles gratuitamente desde enero del año 2016 y se publican bajo una licencia común menos restrictiva, permitiendo su máxima reutilización). Sin embargo, dada la proliferación de desinformación impulsada por las noticias falsas que caracterizan a la sociedad moderna, ¿alcanza solamente con el suministro de conocimiento?

Si bien el concepto tomó nuevo ímpetu luego de las recientes elecciones en los EE. UU., las noticias falsas han abundado en las áreas de ciencia del clima y del medioambiente durante décadas. Para muchos, las campañas de información errónea, la exposición selectiva a los medios de comunicación, las controversias fabricadas, los hechos alternativos y los “false balance” de los medios (Boykoff, M.T. y Boykoff, J.M. Glob. Environ. Chang., 14, 125-136 (2004)), manipularon el conocimiento científico, sembraron la semilla de la duda y confundieron a la población; hecho que amenaza con descarrilar el progreso logrado en materia ambiental.

La concienciación pública acerca del consenso científico sobre el cambio climático causado por el ser humano, es un excelente ejemplo acerca de las consecuencias asociadas a la desinformación científica. Con un 97% de los expertos científicos de acuerdo con que el cambio climático es el resultado de la actividad humana, el consenso en materia ambiental es claro (Cook, J. et al., Environ. Res. Let. 8, 024024 (2013)). Sin embargo, una encuesta realizada en el año 2016 por el  Programa Sobre la Comunicación del Cambio Climático de la Universidad de Yale, mostró que más de la mitad de los norteamericanos desconocen que existe un consenso y que el 28% cree que existe una gran incertidumbre (http://climatecommunication.yale.edu/visualizations-data/ycom-us-2016/).

La mitad de los americanos y dos tercios de los británicos admiten desconocer el origen de las noticias que alimentan los medios sociales (https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/sites/default/files/Digital-News-Report-2016.pdf). La preferencia de la gente por asociarse con quienes piensan de forma similar y el efecto cámara de eco generado por los  medios sociales pueden perpetuar el problema. Esto es especialmente preocupante dado que, a los 18 años de edad, el 88% de los adultos jóvenes afirman recibir noticias a través de Facebook y otras redes sociales.(http://www.mediainsight.org/PDFs/Millennials/Millennials%20Report%20FINAL.pdf).

Es poco probable que un aumento de la visibilidad de la información científica por sí solo resuelva este problema. Estudios sociológicos demuestran que los valores, la visión del mundo y la orientación política de los individuos tienen mayor peso en la opinión sobre los riesgos ambientales (como es el cambio climático), que el conocimiento científico (Stern, P. C. Nat. Clim. Chang. 6, 341-342 (2016)). Es prudente entonces proveer a la gente a edades tempranas de las herramientas necesarias para que pueda distinguir las noticias falsas, antes de que se defina políticamente y establezca sus redes sociales. Esto es especialmente importante a la luz de resultados recientes que indican que el 82% de los estudiantes de escuelas intermedias y secundarias de los EE. UU. no puede distinguir entre un post patrocinado y un artículo real en la misma página web (https://sheg.stanford.edu/upload/V3LessonPlans/Executive%20Summary%2011.21.16.pdf), y que un número significativo de maestros estadounidenses no mencionan en sus programas de estudios de la escuela media y secundaria, a la actividad humana como la causa subyacente del cambio climático (Plutzer, E. et al., Science 351, 664 – 665 (2016)).

La magnitud de la problemática es desalentadora y es probable que la solución al problema requiera del esfuerzo colectivo de las partes interesadas, ​​si se desea obtener un cambio perceptible. Sin embargo, están surgiendo signos positivos ya que los educadores planean instalar programas de alfabetización mediática para entrenar a los estudiantes en el uso del pensamiento crítico y la verificación independiente de los hechos.  Algunos sectores de los medios están apartándose del “false balance” y están adoptando un enfoque más interpretativo, donde las opiniones son contextualizadas (Bruggemann, M. & Engesser, S. Glob. Environ. Chang. 42, 58–67 (2017)). Además, Facebook y otras redes sociales están estableciendo colaboraciones con organizaciones que ayudan a la verificación de los hechos.

Un número cada vez mayor de científicos está tratando de involucrarse con la sociedad dando a conocer sus investigaciones, sin embargo, (al igual que el resto de la gente)* corren el peligro de caer en la trampa de su propia cámara de eco. La mayoría de los científicos cita como objetivo primordial el intercambio de información con sus colegas, y aquellos que llegan más allá del círculo académico priorizan la educación y la defensa del hecho científico sobre la de crear confianza y la de establecer resonancia con el público (Dudo, A. y Besley, J.C. PLoS ONE 11, e0148867 (2016)). Como editores, podemos ayudar en la construcción de esta relación de confianza a través de iniciativas como es la implementación de revisión por pares abierta y transparente, las cuales alumbran el intenso escrutinio a los que se someten los trabajos científicos que se publican, y también la de facilitar a los contribuyentes el acceso a los resultados de las investigaciones financiada públicamente.

Los científicos deben contar con el entrenamiento, el tiempo y la guías necesarias para aprovechar las herramientas tecnológicas disponibles para así lograr el máximo potencial como educadores. Además, deben involucrarse con la temática de forma que puedan establecer con el público un diálogo bidireccional y abordar en forma específica los factores que contribuyen a la percepción que tiene la sociedad sobre los riesgos ambientales, en lugar de simplemente comunicar más hechos físicos. El advenimiento de un nuevo campo interdisciplinario conocido como ecología traslacional, el cual  busca dotar a los científicos con las habilidades necesarias para traducir la investigación ambiental en normas, representa un paso prometedor en esta dirección (Schlesinger, W. H. Science 329, 609 (2010)).

Si aspiramos a que las iniciativas ambientales duramente ganadas en los últimos dos años tengan éxito, se hace necesario inocular eficientemente a la sociedad contra las noticias falsas. Si las partes interesadas deciden aceptar colectivamente la responsabilidad de abordar esta problemática, quizás estemos a tiempo de que el 2015 sea un año para celebrar y recordar.

  • Nota del traductor.

Fuente: https://www.nature.com/articles/ncomms15460

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