Los fármacos para adelgazar: ¿una necesidad o una comodidad?

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El ejercicio físico, la mejor medicina para mantenerse saludable

No hay nada mejor que levantarnos por la mañana y, mientras saboreamos un buen café, enterarnos de que un nuevo estudio asegura que su consumo reduce el riesgo de diabetes o demora el alzhéimer, o que el chocolate negro que tanto disfrutamos por la noche trae beneficios para la salud. Esas son noticias que nos agradan ya que sirven para reforzar actividades de nuestra rutina  que nos producen placer.

ejercicio-para-bajar-de-pesoSin embargo, es probable que en algún momento muchos de nosotros nos hayamos enfrentado a situaciones relacionadas con la salud que nos hayan obligado a replantear nuestro estilo de vida. Un caso típico es cuando nuestros hábitos sedentarios, sumados a una alimentación inadecuada, nos han llevado a ganar varios kilos de sobrepeso al punto de que amenazan nuestra salud. Frente a la disyuntiva de tener que efectuar un cambio sustancial en la forma de vida, la experiencia indica que hay quienes lo aceptan y toman las medidas necesarias para efectuar el cambio, en tanto otros se resisten. La estadística más optimista que encontré muestra que dentro del grupo que logra alcanzar los objetivos en cuanto a peso, solo el 20% consigue mantenerlo durante 1 año. Si consideramos que esta estadística no tiene en cuenta el número de personas que ha fallado en alcanzar sus objetivos, ni analiza los datos más allá del año, nos da una idea de la magnitud del desafío que tiene la persona con sobrepeso en el momento en que decide iniciar un programa para adelgazar.

El caso de un amigo

Hace aproximadamente tres años, Cacho, un amigo de la infancia, me comentó que su médico de cabecera le había recomendado que baje de peso dado que le había detectado una pequeña dolencia cardíaca y una cantidad inusual de grasa en el hígado. Pesaba 105 kg, ya llevaba varios años sin poder bajar de los 100 kg y deseaba hacer un intento serio por adelgazar 15 kg.

En una oportunidad mientras compartíamos una charla de café me preguntó cómo hacía para mantenerme en el mismo peso. Sin pensarlo demasiado le respondí que lo lograba gracias a una rutina de dos horas semanales de aparatos más cuatro corridas semanales de 8 km; además de cuidarme un poco en las comidas. Ante su intento por saber qué y cuánto comía, le respondí que se olvide de mi dieta ya que con ella no iría a bajar un solo gramo. Cacho, le dije “disfruto de la comida tanto como tú y corro para poder seguir comiendo a gusto. Si deseas bajar de peso haz ejercicio, elige una de las tantas dietas que andan dando vuelta y aférrate a ella lo más que puedas”.

Acto seguido, me pidió que le elabore un plan de ejercicio bajo promesa de que iría a cumplirlo a rajatabla. Conociendo el aspecto pragmático de su personalidad y que le gustaban los números traté de idear un plan atractivo y fácil de seguir. Luego de pensarlo un tiempo se me ocurrió lo que bauticé con el nombre de la “regla del cinco”. Tan simple y elegante como la famosa ecuación E=mc2 de Albert Einstein, “la regla del cinco” parecía ser perfecta para mi amigo. El plan de ejercicio consistía en 5 caminatas semanales de 5 Km, en 50 minutos.

peso-caricaturaLuego de algunos días, le comenté a mi esposa lo de “la regla del cinco”, a lo que ella me preguntó ¿Ese es el plan que le confeccionaste a Cacho? Así es, le respondí. Abriendo los ojos como un dos de oro y con la crudeza desarrollada en más de 30 años de matrimonio me dijo “¡Estás loco! Con ese plan lo vas a matar a tu amigo. No va a poder seguirlo y lo vas a frustrar”. Luego la conversación siguió así…

Yo – No exageres que ese es el ritmo que llevamos en las caminatas de los fines de semana. Es equivalente a 6 km/h. No pretendo que corra, sino que se exija un poco y que queme 2500 calorías. Eso es equivalente a que cada semana pase un día sin comer.

Ella – ¿Hace mucho que comenzó con “la regla del cinco”?

Yo –  Sí, en teoría hace cuatro días.

Ella – ¿Has recibido noticias de él?

Sin levantar la vista para no volver a ver el dos de oro y, mientras disimulaba mi apuro por prender mi “laptop”, le dije que no. Acto seguido le envié un mensaje a Cacho diciendo: “cambiar 50 minutos por una hora, el resto lo mismo”.

Luego de tres días de espera, recibí su contestación “en una semana logré caminar cinco días pero en vez de 5km hice 4 km, y en vez de en 50 minutos, lo hice en una hora”. Esa noticia me alegró ya que había logrado que alguien que no estaba acostumbrado a caminar grandes distancias, recorriese 20 km en una semana; el equivalente a 2000 calorías de acuerdo a su peso. Le dije que estaba muy bien y lo alenté a que continúe con esa rutina. A la semana siguiente me contó que había caminado 4 km en 1 hora, 4 días de la semana. Al mes de iniciado el programa de ejercicio, me comunicó que había decido variar su rutina y caminar 3 km, cinco días a la semana. Sus palabras fueron: “prefiero caminar más despacio así puedo mirar el paisaje y escuchar el canto de los pájaros. Al final del recorrido me gusta sentarme a orillas del río y tomarme tiempo para meditar”.

Tras recibir ese e-mail nunca más volvimos a tratar el tema del ejercicio ni sobre la dieta que supuestamente había comenzado. Con el paso del tiempo me di cuenta que Cacho perteneció al grupo de personas que no pudieron establecer y mantener una rutina de ejercicio ni una dieta acorde a su gasto calórico. Lamentablemente estoy hablando de mi amigo en tiempo pasado dado que un año después de aquella visita al médico le detectaron un cáncer de páncreas. Cacho se fue en nueve meses y nos dejó un gran vacío a quienes lo conocimos. Además nos dejó flotando una pregunta que no tiene respuesta: ¿Qué factor jugó su estilo de vida en su destino final? A mí particularmente me profundizó la incógnita acerca del por qué algunos pueden cambiar y otros no.

comidaLa respuesta a esta incógnita no es sencilla ya que entre los varios factores a considerar, el sicológico es probablemente el más importante y quizás el más difícil de controlar. La mayoría de la gente sabe que una forma de controlar el peso es a través de una buena dieta. Lo que muchas personas parecen desconocer (o quizás eligen ignorar) es que la forma más saludable y eficaz de perder peso es a través de una combinación de dieta y ejercicio. El concepto de que la actividad física aporta beneficios a la salud más allá de la pérdida de peso, ha venido reforzándose en base a datos que muestran que la actividad física (especialmente la aeróbica de mediana intensidad y la anaeróbica de corta duración), mejora los parámetros biológicos asociados a la (buena) salud. Entre los efectos favorables que aporta están el aumento de la densidad ósea y de la sensibilidad a la insulina, la reducción de los factores de riesgos asociados con enfermedades cardiovasculares, el  fortalecimiento del sistema inmune y una mejora del estado de ánimo y de la actividad cerebral.

Siendo así puede resultar curioso no ver un mayor número de “joggers” por las calles o gimnasios atestados de personas ansiosas por subirse a las cintas de correr. El hecho de que los gimnasios suelan llenarse durante los dos primeros meses del año y vaciarse paulatinamente conforme pasan los meses, indica que muchos saben de la importancia del ejercicio físico pero que fallan en incorporarlo como parte de la rutina. Si hiciésemos una encuesta entre los que asisten al gimnasio con asiduidad preguntándoles cómo logran adherirse a la rutina (dejando de lado a los adictos al ejercicio), probablemente respondan que la clave radica en la capacidad que tiene cada uno de mantenerse motivado a lo largo del año y no procrastinar cuando se trata de elegir entre quedarse en casa mirando televisión o ir al gimnasio.

Entonces, ¿son necesarios los fármacos para adelgazar?

Dadas las dificultades de bajar de peso y luego mantenerse, surge la pregunta de si los fármacos para adelgazar son realmente necesarios. Este fue el tema principal de un debate que se llevó a cabo hace un par de años en un foro para químicos farmacéuticos. La discusión se volvió más interesante cuando algunos “foristas” manifestaron que las empresas farmacéuticas invertían demasiado dinero y esfuerzo en desarrollar productos que, lejos de ayudar al obeso, lo vuelven dependiente y estimulan el desarrollo de conductas sedentarias. Según algunos de los participantes, la mayoría de los casos de obesidad puede solucionarse si la persona cambia de actitud frente a la comida y adopta una postura positiva hacia el ejercicio físico. Entendiendo perfectamente el argumento expuesto, decidí actuar como abogado del diablo y salir en defensa de las empresas farmacéuticas argumentando que si la obesidad mata indirectamente a millones de personas, sea por el motivo que fuere, existe una buena razón para que alguien intente el desarrollo de una medicina que ayude a ciertos pacientes a bajar de peso.

frase-de-einsteinAnte el argumento de que el fármaco terminaría usándose en forma indiscriminada por personas que de otra manera podrían bajar de peso a través de la dieta y el ejercicio, mantuve mi postura diciendo que era imposible evitar el daño colateral del medicamento; de la misma forma en que es imposible evitar el daño causado por el consumo inadecuado de otros fármacos. Aprovechando la oportunidad de opinar, manifesté que con el criterio de algunos panelistas, uno podría decir que los fármacos para el colesterol estimulan a que la gente descuide los valores nutricionales del alimento en favor del consumo de comida chatarra, o que los medicamentos para el Sida y las vacunas contra el virus del papiloma humano promueven la promiscuidad sexual. La discusión se desvirtuó cuando uno de los partícipes dijo que si dios había hecho al hombre de una forma, no era moralmente correcto tratar de modificarlo por medios no naturales. Desafortunadamente, este comentario motivó la intervención del moderador dando así por concluido el debate.

Luego de concluído el debate quedé con la fuerte sensación de que los que se oponían al desarrollo de nuevos medicamentos para la obesidad partían de la base de que todos nacemos dotados con la misma fuerza de voluntad y tenacidad para lograr los objetivos, y que los hábitos se arraigan en cada  persona con la misma intensidad. Sostengo que los que han intentado bajar de peso varias veces por los métodos naturales y no han podido, tienen el derecho de contar con un fármaco eficaz y seguro que les permitan lograr o intentar llegar a sus objetivos. De haber existido uno realmente bueno*, quizás** hoy en vez de recordar a Cacho, tendría la posibilidad de planear un encuentro para tomar un café y hablar de nuestra juventud.


  • En su intento por adelgazar probó el Orlistat (Xenical), un fármaco desarrollado por Roche que inhibe la absorción de ácidos grasos en el intestino. Lo tomó una semana y tuvo que abandonarlo por problemas gastrointestinales.

** Considerando que la obesidad aumenta la incidencia de cáncer de todo tipo.

Lectura recomendada sobre los beneficios del ejercicio físico:

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=70516

http://ocw.um.es/gat/contenidos/palopez/contenidos/beneficios_riesgos_y_contraindicaciones_de_la_actividad_fsica.html

http://www.hindawi.com/journals/jar/2013/657508/

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