Productos naturales que matan (primera parte)

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El contenido de esta entrada ha sido modificado e incluido en el libro “Temas de Ciencia en la Salud” cuyo lanzamiento al mercado como libro electrónico será anunciado en este blog y publicado en breve. Muchas gracias.

Eduardo

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6 comentarios en “Productos naturales que matan (primera parte)

    • Luis, muchas gracias por tu comentario. Es verdad, originalmente lleva albahaca. Las variantes que se le hace es cambiar perejil por albahaca y nueces por piñas. Nosotros en casa siempre lo hicimos con una mezcla. Así que 10 punto por lo tuyo. Un saludo.

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  1. Desde Scientia reboté hasta acá…Me gustó mucho este post, y me hizo recordar mis juegos de niña bajo las matas de cicuta…Francamente ahora no sé cómo soportábamos ese olor, pero lo único que nos hacía alejarnos como alma que lleva el diablo, eran las sanguijuelas que se nos pegaban en las piernas mientras hacíamos cuevas bajo esas matas hediondas, y hacíamos flautas con las cañas ya secas…¡imagínate! Tuvimos suerte, en realidad…

    Y yo también hago pesto con perejil, porque perejil hay todo el año mientras albahaca hay sólo en verano…jaja

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    • Gracias por comentar. De niños, supimos jugar con lo que teníamos a nuestro alcance y disfrutar de nuestra interacción con el medio ambiente. Hemos aprendido a cuidarnos solos, lejos de la mirada vigilante de nuestros padres. Eso nos llevó a que hayamos, en muchas ocasiones, transgredido la barrera de lo aceptable desde el punto de vista de nuestra propia seguridad. Con un amigo de la infancia (si lees la entrada que dice “el médico de los 15 gatos” vas a saber de quién se trata) solíamos caminar por las vías del tren y esperar sentados a que pase por un puente. Lo peligroso era que nos sentábamos en una plataforma que estaba justo debajo de las vías a un metro y medio. Sacábamos la cabeza por entre las vías y cuando ya estaba a algunos metros de distancia no sentábamos. Mientras pasaba el tren por encima gritábamos del miedo ya que pensábamos que podría tirar agua caliente al río (eran máquinas de vapor). Te imaginas la cara que puso mi papá y mamá cuando se los conté años después? En fin podemos decir que somos sobrevivientes de nuestra propia infancia.

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