¿Fue el virus H1N1 el origen de una pandemia conveniente?

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A casi cuatro años de la epidemia de gripe porcina, aun cuando se siente el traqueteo de las máquinas cuenta billetes de las empresas que hicieron fortunas con aquella pandemia, seguimos en la búsqueda de una respuesta convincente a la pregunta de si fuimos víctimas de un virus o de un ardid que involucra por igual a empresas farmacéuticas, entes reguladores y oficinas de salud pública. swine flu

Los que creemos en la medicina tradicional asumimos que los que trabajan en las oficinas de los entes reguladores y los organismos de salud pública están capacitados para ejercer sus funciones, y que las decisiones que toman apuntan a salvaguardar la salud de la población. Dada la importancia de la función de estos organismos, las consecuencias de sus decisiones están sujetas tanto al escrutinio de expertos como el de la población en general. Pese a la lógica detrás de este hecho, lo cierto es que la percepción que adquirimos sobre las oficinas reguladoras probablemente no sea el producto de un juicio imparcial de los hechos. Esto se debe a que, en general, tendemos a minimizar la importancia de los aciertos y a magnificar los errores que se cometen.

Para poner un caso concreto y ver lo difícil que es estar en los zapatos de quienes trabajan en estas oficinas, consideremos el caso que recientemente se dio a conocer en el British Medical Journal (BMJ) sobre lo acontecido durante la pandemia de gripe porcina del año 2009. A continuación presento un resumen cronológico de algunos hechos puntuales asociados a dicha pandemia:


  • 1999, la FDA (Food and Drug Administration) aprueba el oseltamivir y zanamivir para tratar la gripe.
  • 2000-2002, la FDA y la EMA (European Medicines Agency) aprueban el oseltamivir (dos antivirales) para el tratamiento profiláctico de la gripe.
  • 2005, los gobiernos de los EEUU y de Gran Bretaña, asesorados por sus propios entes reguladores, comienzan a acumular oseltamivir para hacer frente a una posible pandemia de gripe, gastando 1.300 y 720 millones respectivamente. Dicha decisión se basó en que ambos antivirales reducen las complicaciones asociadas a la gripe y acortan a la mitad el tiempo de recuperación.
  • Marzo 2006, la FDA aprueba el zanamivir para tratamiento profiláctico de la gripe.
  • Abril 2006, se anuncia que en Méjico y en los EEUU se detectó gripe causada por un nuevo virus.
  • Junio 2009, WHO (Organización Mundial de la Salud) le dio al brote de gripe el estatus de pandemia.
  • Julio 2009, autoridades británicas anticiparon que en Inglaterra el 30% de la población podría infectarse y estimaron que podrían morir entre 19.000 y 65.000 personas.
  • Noviembre 2009, se difunde que se vacunaron a 65 millones de personas en 16 países.
  • Septiembre 2009, la fundación Cochrane pide a Roche el informe completo de los estudios clínicos efectuados con oseltamivir. Roche provee datos parciales de los estudios.
  • Diciembre del 2009, un estudio sistemático de la fundación Cochrane reveló que el oseltamivir y el zanamivir ofrecen beneficios “modestos” a adultos sanos, cuando se toman dentro de las 24 horas de haber experimentado síntomas.
  • Diciembre 2009, la fundación Cochrane publica un artículo en BMJ dando a conocer que, dado que 8 de los 10 estudios clínicos sobre los cuales se determinó la efectividad del oseltamivir no se publicaron, la fundación no puede establecer su eficacia.
  • 2010, se conoce que la industria farmacéutica ganó aproximadamente 7.000 millones de dólares con la venta de vacunas.
  • Enero 2010 un político Alemán acusó a las grandes empresas farmacéuticas de organizar la “campaña del pánico” como forma de poner presión a la WHO para que declare una “falsa pandemia” para vender vacunas.
  • Mayo 2010, se anuncia que murieron 18.138 personas en 214 países a causa de la gripe porcina, cifra que resultó ser inferior a la mortalidad promedio asociada a brotes de gripes estacionales.
  • Junio 2010 el editor de la revista BMJ dijo que, de acuerdo a una investigación efectuada sobre la pandemia, se encontró que algunos de los expertos que aconsejaban a la WHO sobre la pandemia tenían vínculos financieros con las empresas farmacéuticas que producen vacunas y antivirales.
  • 2013, luego de más de 3 años, Roche finalmente da a conocer todos los datos de estudios clínicos efectuados con el oseltamivir.
  • 2014, la fundación Cochrane publica una actualización de la revisión sistemática llevada a cabo sobre los antivirales usados durante la pandemia del año 2009. Los autores de la fundación determinan que la compra del oseltamivir se habría efectuado en bases a datos parciales provenientes de un estudio de metaanálisis efectuado sobre 10 estudios clínicos. Dichos estudios (los clínicos y el de metaanálisis) habían sido patrocinados por Roche,  la misma empresa que comercializa el medicamento.
  • 2014, los autores de la revisión Cochrane no encuentran evidencias de que los antivirales tienen efecto sobre la mortalidad, ni de que reducen las complicaciones asociadas con la gripe.
  • 2014, basado en la revisión Cochrane, Carl Heneghan, un profesor de la Universidad de Oxford, anuncia que lo invertido por los gobiernos en antivirales fue equivalente a tirar por la ventana 2.000 millones de dólares.

Es sabido que en situaciones de emergencia, las consecuencias de las decisiones que se toman pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte de miles de personas. Esto hace que los efectos de las medidas que se implementan sean analizados cuidadosamente luego de ocurrido los hechos. Lo que sucedió durante la pandemia de la fiebre porcina es un ejemplo clásico de lo que acabo de mencionar ya que las decisiones tomadas por los entes reguladores y las oficinas de salud pública durante los años 2000-2009 continúan siendo evaluadas hasta el día de la fecha. EMA

Basado en los hechos presentados, alguien que confíe a ciegas en las decisiones tomadas por los organismos oficiales, puede decir que tanto los gobiernos de los EEUU como el de Gran Bretaña (supuestamente asesorados por la FDA y EMA) actuaron correctamente al haberse abastecido de los dos antivirales ya que intentaron proteger a la población de la mejor forma posible.

Por otro lado, alguien más severo en sus apreciaciones, puede decir que los organismos reguladores se equivocaron en aprobar dos antivirales de eficacia marginal* para el tratamiento profiláctico de la gripe y que los organismos de salud pública cometieron un error inaceptable en la estimación de la letalidad del virus H1N1.

FDAPor último, no es de extrañar que lo ocurrido durante la pandemia de gripe porcina fortalezca ciertos dogmas que van ganando en popularidad. Me refiero a la idea de que el poder económico de las empresas farmacéuticas les permite dominar todo lo relacionado a la salud. En este caso, no falta quien asegura que la pandemia del año 2009 fue concebida y ejecutada para favorecer los intereses de la industria del sector, en desmedro de la salud física, emocional y económica de la población. Sin duda, casos como los de Roche, quien retuvo los datos de 8 estudios clínicos durante más de 3 años y exageró la eficacia del oseltamivir, ayudan a que ciertas ideas conspirativas vayan arraigándose en la sociedad.

¿Para cuándo la próxima?

Aquí en California siempre se habla de cuándo vendrá “the big one” refiriéndose a un terremoto de la magnitud semejante al de San Francisco del año 1906. Se sabe que es algo que va a ocurrir, aunque no se sabe cuándo.

Lo mismo se podría decir de la próxima pandemia de gripe. En el preciso momento en que estoy escribiendo esta frase y usted la lee, hay virus que están mutando, en algún lugar, en algún animal. La mayoría de las mutaciones no tendrán importancia, sin embargo, existen buenas probabilidades de que algunas de ellas se acumulen y le confieran al virus características semejantes al que causó la pandemia de gripe española del año 1918. Es decir, se sabe que va a ocurrir, lo que no se sabe cuándo ni cuál será el daño que pueda llegar a causar.

Como pudimos comprobar durante la pandemia de gripe porcina, pese a las medidas tomadas, no pudo evitarse que un virus con alta capacidad de contagio se disemine por el mundo. Por suerte, la letalidad del virus H1N1 no fue cercana a la del que causó la gran gripe española.

Frente a una amenaza de pandemia,  ¿cuál debería ser la actitud de los entes reguladores y las oficinas de salud pública para que logre el consenso de la mayoría? La evaluación de la gestión de los organismos de salud pública frente a una pandemia tendría que limitarse solamente al análisis de la efectividad de las medidas adoptadas para controlar la enfermedad. Dicha evaluación tendría que ser independiente de las ganancias que las empresas farmacéuticas pudiesen tener, ya que se sobreentiende que las mismas siempre harán dinero durante tiempos de demanda de medicamentos.

Con lo que aprendimos de la gripe porcina, ¿estamos en condiciones de establecer una estrategia efectiva para mitigar los efectos de una nueva pandemia? Por otro lado, ¿tiene sentido invertir dinero en intentar desarrollar antivirales más eficaces contra virus conocidos a la espera de que sean efectivos para controlar los efectos de una pandemia causada por un virus cuyas características desconocemos? A menos que se pueda predecir en qué dirección van a ocurrir las mutaciones, se hace difícil pensar que al día de la fecha se pueda evitar la propagación de un virus desconocido que sea altamente infeccioso, en base a vacunas o antivirales. En ese sentido quizás haya que convenir con Philip Alcabes, autor del libro Dread: How Fear and Fantasy Have Fueled Epidemics from Black Death to Avian Flu, quien escribió “las grandes calamidades son y siempre han sido impredecibles hasta el momento en que comienzan; además, es una pérdida de dinero y energía el tratar de prepararse para lo que no se puede prever”.


  • Originalmente aprobadas para usarse en hospitales, en enfermos con alto riesgo de desarrollar condiciones severas.
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2 comentarios en “¿Fue el virus H1N1 el origen de una pandemia conveniente?

  1. José, estoy de acuerdo contigo, por eso decidí escribir este post. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas veces, un error puede derivar en una cascada de errores. Quizás el principal error fue la sobrevaloración de la letalidad del virus. Si el virus hubiese sido tan letal como lo que se predijo, probablemente, no estaríamos hablando sobre el tema. Si esa sobrevaloración fue hecha con mala intención es algo que quedará para la especulación de cada uno..

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