La cura del cáncer y las teorías conspirativas

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La única certidumbre que tenemos al nacer, es que vamos a morir. Esta frase tan simple como obvia, por más que pasen las décadas, centurias y milenios, siempre será válida. Sin embargo, lo que cambia con el tiempo es la forma de morir. Los que nacían en el siglo 1,  10 o 15 tenían seguramente más probabilidades de morir de una infección que de cáncer o de una enfermedad cardiovascular.

Figura 1.

Figura 1.

En la actualidad, la combinación del cáncer y de las enfermedades cardiovasculares es la responsable de la mayoría de las muertes en los países del primer mundo. Como se observa en el diagrama circular (figura 1), en los países de la Comunidad Europea  la mortalidad debido a estos dos males suman casi un 60%. Si por obra de la providencia lográsemos reducir a cero la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, hoy en día tendríamos grandes probabilidades de terminar nuestros días debido al cáncer o el alzhéimer. La incidencia de estas dos enfermedades, consideradas como propias de la vejez, se espera que crezca con el aumento del promedio de vida.

Cuando se evalúan los progresos en el tratamiento de las enfermedades del corazón y se los compara con los del cáncer, los resultados obtenidos se contraponen. Por un lado la mortalidad debido a las enfermedades cardíacas ha bajado consistentemente en los últimos 40 años, mientras que con el cáncer, la mortalidad ha continuado en aumento.  Como puede apreciarse en el diagrama de barras (figura 2), en España en los años 70, un hombre tenía un 35% más probabilidades de morir prematuramente (por debajo de los 64 años) de una enfermedad cardiovascular (CVD) que de cáncer. En el presente, un hombre en España tiene casi el doble de probabilidades de morir de cáncer que de una CVD.

Figura 2.

Figura 2.

Debido a estas tendencias, la pregunta que en ocasiones surge en reuniones familiares y en charlas de café es ¿por qué la mortalidad del cáncer sigue elevada o en aumento a pesar de la gran cantidad de dinero que se invierte en su cura? Los más escépticos suelen ir un poco más allá y formular una segunda pregunta, la cual,  generalmente, se torna controversial: ¿están las empresas farmacéuticas realmente interesadas en encontrar una cura? Muchos afirman que las empresas farmacéuticas ya saben cómo curar este mal, pero que lo ocultan por motivos económicos, ya que les resulta más rentable mantener a la población dependiente de los medicamentos.

¿Por qué aún no se encontró la cura del cáncer?

Esta pregunta tiene una respuesta bastante simple: la biología del cáncer es mucho más complicada de lo que se pensaba. Además, el cáncer no es una enfermedad, sino un conjunto de más de 100 enfermedades que se caracteriza por la proliferación descontrolada de células anormales las cuales van ganando en malignidad debido a mutaciones. Como si esto fuese poco, un tumor maligno aunque provenga de una sola célula, una vez que ha progresado lo suficiente, se vuelve genéticamente heterogéneo. Es decir, la composición genética del cáncer varía de acuerdo al lugar y al momento en que se hace la biopsia. Este hecho dificulta aún más la tarea de encontrar un fármaco que sea capaz de erradicarlo.

¿Están las empresas farmacéuticas interesadas en encontrar la cura del cáncer?

La respuesta a esta pregunta es contundente: Si, y mucho. Cuando Richard Nixon declaró la guerra contra el cáncer en el año 1971, todos pensábamos que 40 años después tendríamos la bala mágica capaz de erradicar cualquier tipo de cáncer. A esta altura, es verdad que todos estamos algo frustrados con los avances en oncología ya que a pesar de que hubo progresos importantes, los mismos no son ni remotamente cercanos a lo que hubiésemos deseado. Lejos de encontrar esa bala mágica soñada, todo parece indicar que, en el mejor de los casos, vamos en camino a “controlar” la enfermedad en base a una combinación de fármacos. Esto se debe a que la complejidad tanto de la anatomía del cáncer como de las células que lo compone es tal que se hace necesario emplear agentes terapéuticos que ataquen al tumor desde varios ángulos.

Por ejemplo, una de las estrategias para combatir el cáncer se basa no solo en inhibir la proliferación de las células malignas sino también los factores que permiten que las mismas se diseminen (den metástasis). Uno de esos factores es la capacidad que adquieren los tumores cancerosos de desarrollar vasos sanguíneos. A través de este fenómeno llamado de “vascularización” el tumor puede recibir el alimento y el oxígeno necesario para desarrollarse e invadir a otros órganos. Los compuestos que inhiben la vascularización de tumores se conocen como inhibidores de angiogénesis. El bevacizumab fue el primer inhibidor de angiogénesis que entró al mercado y fue aprobado para usarse en combinación con el paclitaxel, un medicamento de origen natural con propiedades citotóxicas.

Aunque no espectacular, la combinación de un agente citotóxico con un inhibidor de angiogénesis parece estar dando buenos resultados y no sería de extrañar que, en el futuro, los tratamientos incluyan a un tercer fármaco. Queda por imaginarnos cuál será el modo de acción de ese tercer fármaco. ¿Será uno que ayude a fortalecer al sistema inmune? De hecho, Merck, Pfizer y Roche ya están llevando a cabo estudios clínicos con anticuerpos monoclonales que ayudan al sistema inmune a combatir tumores malignos. Datos recogidos de estudios clínicos están mostrando que la combinación de estos anticuerpos con agentes quimioterapéuticos es efectiva para el tratamiento de algunos cánceres. De agregarse un tercer fármaco, estaríamos frente a una situación similar a la utilizada en los tratamientos contra el virus del VIH (el virus que genera el SIDA) en el cual se usan cócteles de tres fármacos.

¿Qué tan lejos estamos de encontrar la bala mágica que cure el cáncer?

Como se indicó en el libro,  desde el punto de vista conceptual, se espera que los fármacos oncológicos afecten a las células enfermas y dejen intactas a las sanas. Hasta el momento, lo más parecido a lo que sería la bala mágica de Paul Ehrlich aplicado a la oncología son los agentes terapéuticos conocidos como conjugados anticuerpo-fármaco o antibody-drug conjugates (ADC). Los ADC surgen de unir químicamente un anticuerpo a un agente citotóxico. En esta combinación, el anticuerpo dirige al ADC hacia la célula tumoral (y no hacia la sana) en donde se une a la superficie de la misma.  Luego penetra en su interior y libera el agente citotóxico gracias a la acción de una enzima. Los resultados de pruebas in vitro son muy alentadores ya que muestran que el agente citotóxico es 100-1000 veces más potente cuando está unido al anticuerpo que cuando está solo.

Al día de la fecha las agencias reguladoras han aprobado solo dos ADC, sin embargo, el hecho de que existan más de 20 ADC en etapas clínicas da una idea del impacto que esta nueva estrategia puede llegar a tener en los tratamientos oncológicos del futuro. Uno de los motivos del repentino surgimiento del interés por los ADC es que los biólogos y químicos han aprendido a controlar la cantidad de agente citotóxico que se le acopla al anticuerpo. De esta forma se logra determinar la potencia y controlar los efectos indeseables de este tipo de fármaco.

Como ya se mencionó, los avances en la lucha contra el cáncer han sido mucho más lentos que los deseados y se hace muy difícil predecir si esta tendencia se mantendrá. Lo cierto es que en la medida en que se avance en el conocimiento de los mecanismos que conducen a la degeneración celular, no se descarta la posibilidad de que se produzca algún descubrimiento espectacular que nos permita declarar victoria sobre la enfermedad.

Volviendo al tema de los escépticos, barajar la posibilidad de que un proyecto se inicie, se establezca que tiene el potencial de curar el cáncer y se cierre, es poco menos que descabellado; hecho que por otro lado se confirma al no haberse observado en la práctica. Como hice mención en el libro, algunas empresas farmacéuticas han sido capaces de saltar barreras éticas y legales con el propósito de incrementar las ventas de sus productos, sin embargo, nunca se ha escuchado hablar de alguna que haya detenido el desarrollo de un producto con capacidad curar los tumores malignos.

Un pesimista de raza podría argumentar que el hecho de que no se conozca un caso no implica que no haya ocurrido a puertas cerradas. Mi experiencia en la industria me lleva a considerar a esta alternativa como altamente improbable ya que la decisión ejecutiva de terminar un proyecto exitoso  implicaría tener que dar una explicación contundente y silenciar a decenas de científicos, muchos de los cuales han pasado años trabajando en el proyecto. Hay que considerar que para los que trabajan en la industria farmacéutica encontrar la cura del cáncer es uno de los principales objetivos tanto a nivel profesional como personal ya que muchos han sido testigos del efecto devastador de esta enfermedad en sus propios familiares. Por eso, una vez alcanzado dicho objetivo, asegurar que alguien pueda evitar que la cura del cáncer se haga pública es una postura irrealista ya que ignora o niega la importancia de la motivación personal asociado a cada descubrimiento  que se efectúa en el ámbito farmacéutico.

Como alguien interesado en ciencia e investigación, el tema de la cura del cáncer es uno de los que más me cautiva. La presente entrada es la primera de una serie que intentará cubrir nuevas terapias para tratar esta enfermedad. Dado que el objetivo de este blog es comunicar y recibir opiniones e ideas, a los que me siguen los aliento a que participen sin temor. Los espero.

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4 comentarios en “La cura del cáncer y las teorías conspirativas

  1. Eduardo, muy buen post. Como tu, creo que los avances en la cura del cáncer continuarán siendo paulatinos. Con respecto a las teorías conspirativas, la que más escucho en reuniones son las que afirman que las farmacéuticas generan los cánceres y luego buscan su cura. ¿Qué opinas al respecto?

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  2. Me da la impresión que esto está relacionado a la contaminación de la vacuna contra la polio entre los años 55 y 61 donde Merck usó partidas de vacunas contaminadas con virus SV40. Los científicos de Merck sabían que este virus era oncogénico en animales. Opino que fue una decisión irresponsable de parte de Merck, aunque no creo la intención haya sido producir cáncer en la población.

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  3. Eduardo, justamente en relacion con tus comentarios sobre el uso de anticuerpos monoclonales que pueden ayudar al sistema immune a combatir el cancer, ayer hubo un anuncio sobre una droga de Bristol-Myers que se basa en este principio. Se llama Nivolumab y aparentemente parece haber dado resultados prometedores en pacientes con melanoma avanzado. Seria un gran avance si esta informacion es correcta; si lo es, el proximo tema de debate sera el precio con el cual saldra al Mercado. Sobre esto ultimo tuve oportunidad de leer unos de tus blogs mas recientes referido al precio de los farmacos y tengo curiosidad de saber cuanto costar un tratamiento con Nivolumab.

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    • Magda, había muchas expectativas con el Nivolumab y no falló. La inhibición de los receptores PD-1 de las células T parece ser una muy buena forma de ayudar al sistema inmune a combatir el cáncer. Hay otras compañías que tienen compuestos avanzados en estudios clínicos, para otras indicaciones. Me alegra ver avances en oncología. En cuanto al precio con que saldrá al mercado, es todo un misterio. Por el momento está de moda ponerlos a razón de 100.000 dólares el tratamiento. Habrá que esperar.

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