No con el pellejo de los sanos

Estándar

Para obtener más información pueden hacer “clic” en las palabras destacadas en rojo.

La empresa donde trabajaba hace unos años, solía organizar anualmente lo que se llamaban Jornadas de la Salud, en las cuales se ofrecía el control gratuito de la tensión arterial y los niveles de lípidos y azúcar en sangre. Pese a que los controles se llevaban a cabo en la misma empresa, yo optaba por no concurrir por entender que no pertenecía a ningún grupo de riesgo.  Me considera-ba joven, me sentía bien de salud, me alimentaba correctamente (o al menos era lo que creía) y hacia ejercicio en forma rutinaria.

Entrado ya en la década de los 40 decidí que era hora de no dejar pasar la oportunidad de hacerme los controles. Después de todo, conociendo como me conocía, sabía que muy difícilmente iría a sacar un turno en forma voluntaria para hacerme los estudios en un hospital o centro de salud. Afortunadamente, en esa oportunidad, los resultados confirmaron que los valores estaban dentro de los rangos normales. Sin embargo, tres años más tarde, los valores del colesterol fueron significativamente más elevados, en el rango considerado de riesgo para la salud.

jornadas de sludEste resultado sirvió para que tomara conciencia de que el paso del tiempo había alterado la biología de mi cuerpo y para alertarme de que quizás debería efectuar algunos ajustes en la dieta y, por qué no, a considerar la posibilidad de recurrir al uso de algún medicamento. Inmediatamente me puse en contacto con tres médicos de confianza, los cuales coincidieron en que debía tratar de bajar el colesterol cuanto antes, muy probablemente con un tratamiento a base de estatinas ya que con dieta y ejercicio no iría a ser suficiente. Eso me preocupó bastante dado que conocía gente allegada a la familia que había sido tratada con estatinas y que había tenido que dejarlas por haber experimentado problemas de dolor y fatiga muscular durante sesiones de ejercicio moderado.

Por esta razón, antes de considerar  la opción de un tratamiento, decidí investigar si mi condición (colesterol elevado) era lo suficientemente severa como para justificar el consumo de fármacos. Como era de esperar, encontré una cantidad significativa de información proveniente de estudios clínicos que confirmaban los efectos beneficioso de las estatinas en personas  con múltiples factores de riesgo cardiovascular, por ejemplo: diabetes-colesterol, sobrepeso-colesterol, tensión elevada-colesterol, otras condiciones cardíacas-colesterol, etc. Sin embargo, no encontré ningún estudio clínico mostrando  el efecto beneficioso de las estatinas en personas cuya única irregularidad sea el colesterol elevado.

Sabemos que la relación beneficio/riesgo de un medicamento se determina a través de los estudios clínicos de fase 3  en un grupo cuidadosamente seleccionado de sujetos. Luego, los resultados de esos estudios se extrapolan al resto de la población, es decir, a personas como usted o como yo, que quizás hubiésemos quedado excluidos de esos estudios. Resulta obvio entonces  que si la persona que toma el medicamento no tiene el mismo riesgo cardiovascular que el del grupo sobre el cual se basó el estudio, esa relación beneficio/riesgo, deja de tener validez. Confirmando esta idea, los autores de un estudio de meta-análisis llevado a cabo por la fundación Cochrane concluyeron que existe poca evidencia acerca del beneficio que ofrecen las estatinas en la prevención primaria de trastornos cardíacos y en la calidad de vida de los pacientes; y advierte que debería tenerse cuidado cuando se prescriben estos fármacos a personas con bajo riesgo cardiovascular. Si no es claro el beneficio de las estatinas para este grupo de personas, la pregunta que surge es ¿cómo es que los médicos no dudan en recetarlas a cualquier persona con colesterol elevado, sin importar al  grupo que pertenece?

De la misma forma en que al médico no le tiembla el pulso cuando receta una estatina, a mí tampoco me tiembla cuando señalo a las grandes empresas farmacéuticas como el principal culpable de este fenómeno. Los médicos viven una vida ajetreada y la falta de tiempo asociada a su profesión, hace que puedan dedicarle poco tiempo a leer los cientos de artículos que se publican en decenas de revistas de la especialidad. Lo que hacen es, como dice Ben Goldacre en su libro Malafarma, tomar atajos que le ahorran tiempo a la hora de informarse. Una de las formas de enterarse de los avances en sus respectivas áreas es a través de la lectura de artículos que le llegan a su consultorio y asistiendo a conferencias. Si tenemos en cuenta que esos artículos les llegan a través de los visitadores médicos, escritos por profesionales  pagos por la industria farmacéutica, y que muchos de los “referentes” que dan charlas, también están pagos por la misma industria; es lógico atribuirles a las empresas del sector gran parte de la responsabilidad en los desaciertos que el médico pueda incurrir cuando prescribe un medicamento.

Lipitor® para todos: ¿un milagro de la ciencia o de la mercadotecnia?

LaMattina

En su libro Drug Truths (Verdades de los Fármacos), John LaMattina, expresidente de Pfizer, se  refirió al desarrollo de Lipitor® diciendo “es difícil para una persona como yo escribir una sección sobre Lipitor® sin que parezca propaganda”. En realidad es propaganda (¡y de las buenas!), ya que el autor le dedicó seis páginas a  resaltar las propiedades farmacológicas del producto, aludiendo solamente en forma casual a que “en raras ocasiones” podría causar fatiga muscular. Quiero aclarar que el libro Drug Truths se publicó en el año 2009 cuando ya se conocían muchos de los efectos indeseables de las estatinas, entre ellos, que generan dolores musculares en un 10% de la gente. Hoy se sabe que las estatinas son eficaces en bajar el colesterol y con ello el riesgo de muerte por efectos cardiovasculares, pero a la vez también se sabe que traen aparejado un incremento en el riesgo de sufrir daño hepático, problemas digestivos, trastornos en la memoria y el sueño, un aumento en el desarrollo de la hepatitis del tipo 2, cataratas y problemas musculares.

AngellEn su libro, LaMattina nos dio un ejemplo clásico de lo que es el sesgo en la información científica, y de lo que sucede cuando la ciencia se mezcla con la pasión y el fanatismo.  El Dr. José M. Mulet en la reseña que hizo sobre mi libro dijo que “últimamente está muy de moda criticar a las grandes empresas farmacéuticas” y que luego no falta quienes usan esas críticas como excusa para apoyar métodos alternativos.

Como lo dejé en claro en mi libro,  concuerdo con Mulet, sin embargo, pienso que ese hecho no debería desalentarnos a efectuar críticas cuando existan buenos argumentos. Así lo entendieron Moynihan y Cassels, coautores de Selling Sickness (Vendiendo Enfermedades), y Marcia Angell, autora de la obra The Truth About the Drug Companies (Verdades Sobre las Empresas Farmacéuticas). Usando básicamente  los mismos argumentos, estos autores hicieron una dura crítica a la industria farmacéutica, a mediados de la primera década del 2000.

Este hecho levantó una polvareda mediática de tal magnitud que obligó a los ejecutivos de las grandes empresas farmacéuticas a salir en defensa de sus intereses. A consecuencia de esto, se publicaron varios libros con carácter defensivo, entre ellos el de LaMattina. El libro Drug Truths se escribió con el propósito de rebatir cada una de las críticas efectuadas por la Dra. Angell.  La autora destacó que las empresas farmacéuticas carecían de poder innovador y que, en consecuencia, terminaban invirtiendo cantidades descomunales de dinero en el desarrollo de fármacos (conocidos como me-too) con mecanismos de acción idénticos a otros  ya en el mercado.

Los fármacos me-too, según Angell, al no ser necesariamente mejores que los productos en uso, no representan un gran aporte a la medicina sino que, por el contrario, debido a los altos costos, encarecen innecesariamente los tratamientos médicos.  LaMattina, basándose en que el Lipitor® es un me-too y en el hecho de que fue el fármaco más prescripto de los últimos tiempos, menciona su descubrimiento como un ejemplo del éxito de este tipo de enfoque. Lo que no cuenta LaMattina es que en los primeros nueve meses del 2007, Pfizer gastó 118 millones de dólares en promover dicho producto, una cantidad sin precedentes en la industria farmacéutica. Entonces, ¿podemos justificar la popularidad y el éxito del Lipitor® como fármaco de superventa solo en base a sus propiedades farmacológicas? Yo creo que no.

Quienes no viven en países donde la propaganda al consumidor está permitida quizás no tienen idea de lo que significa estar sentado frente al televisor y tener que soportar cinco o seis avisos publicitarios sobre productos farmacéuticos. Las empresas del sector dicen que esta práctica es positiva porque sirve para informar al público y a la vez para que adquiera conciencia de su enfermedad.

Lipitor

Bien, consideremos el caso de un anuncio publicitario como hizo Pfizer para promover Lipitor® donde aparece la foto de un cuerpo en la morgue y a su lado un aviso que dice: “usted ¿que preferiría una prueba del colesterol o un examen final?” Me pregunto, ¿cuál es el estado de ánimo esperable de alguien que ve esa propaganda de “concientización”? Muy probablemente, perturbado, deprimido o quizás asustado, ¿verdad?

Usted quizás concuerde conmigo con que esa persona intentará, probablemente, hacerse controlar los niveles de colesterol a la brevedad. En caso de tener los niveles por encima de los límites aceptados, no es muy descabellado pensar que vaya a consultar a su doctor, ¿verdad? Sabiendo que los doctores están preparados para recetar estatinas por los motivos ya mencionados, ¿usted cree que ese individuo tendría la suficiente presencia de ánimo como para cuestionarle al profesional lo que le receta, aún si éste le leyera el rosario de posibles efectos indeseables? Por eso pienso que propagandas sicológicamente perversas como las de Pfizer, lejos de ayudar, logran “desarmar” o “desnudar” a la persona que la recibe, tranformándola automáticamente en un paciente. Y por último, si esa persona, quién adquirió trabajosamente la costumbre de hacer ejercicio, se sintiese fatigado, ¿no cree que probablemente deje su sana costumbre y continúe con la medicación con el solo propósito de mantener bajo los “números” y evitar así ser un cuerpo más en la morgue? A falta de estudios, queda por imaginarnos si ese trueque entre el estilo de vida y la medicación es beneficioso para el paciente. Por eso, sin negar los grandes aportes que las empresas farmacéuticas han hecho a la medicina, tenemos el derecho a decirles: sí con los enfermos, pero no con el pellejo de los sanos.

Anuncios

2 comentarios en “No con el pellejo de los sanos

  1. Tengo curiosidad de saber por qué no se hacen estudios clínicos con gente que sólo tiene el colesterol elevado y toma estatinas. Estoy segura que no tendrían problemas en encontrar pacientes.
    Coincido con el comentario de que las estatinas no siempre son beneficiosas. Tengo un hermano a quien le recetaron estatinas por tener los triglicéridos elevados. El se sentía débil pero continuó tomando la medicación un tiempo porque no imaginó que el medicamento era la causa de su cansancio. Para cuando finalmente estuvo más informado sobre lo que estaba tomando, la estatina ya le había provocado dolores musculares y le habían afectado en parte la función renal. Creo que como pacientes debemos aprender a cuestionar más cuando el medicamento recomendado es para tomar a largo plazo.

    Me gusta

  2. Hola Magda, no soy médico, pero por lo que he leído acerca de los criterios que se aplican en estudios clínicos, no se hacen estudio con personas cuyo único riesgo sea el colesterol elevado, probablemente, porque sería necesario hacer estudios clínicos prolongados (probablemente, cerca de los 10 años) en una gran cantidad de pacientes (miles). Eso se debe a que en ese grupo la gente no “muere” tan fácil. Aumentando la cantidad de gente y el tiempo, se podrían sacar datos estadísticamente significativos.

    Me gusta

Deje respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s