La flora intestinal y la inmunoterapia

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El ser humano lleva consigo 100 billones* de bacterias de, aproximamente, 1000 especies diferentes. Están presentes en la piel, la nariz, la cavidad bucal, la vagina y los intestinos, y constituyen cerca del 3% de nuestra masa corporal. A medida que avanzan los conocimientos, va quedando en evidencia el rol preponderante que juegan estos microbios en la fisiología humana. Por ejemplo, estudios recientes efectuados en animales llevados a cabo por investigadores de la Universidad de Virginia indican que la composición de la flora intestinal (microbiota natural) podría determinar nuestro estado de ánimo. Este descubrimiento coincide con observaciones a nivel clínico que sugieren una correlación entre la composición de la microbiota y los trastornos del humor en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal.

Image result for immunotherapy imagesA este descubrimiento inesperado se le suma otro que sugiere que la eficacia de algunas inmunoterapias podría depender del tipo de bacteria que coloniza el intestino. La importancia de esta correlación se magnifica por el hecho de que la inmunoterapia agrupa a los tratamientos oncológicos más exitosos de los últimos años. Por lo curioso y la relevancia del tema, y por estar relacionado al segundo capítulo de mi último libro, decidí traducir e incluir en este blog un artículo escrito por Mitch Leslie publicado en la revista Science a fines del 2015.

Los microbios intestinales potencian los tratamientos contra el cáncer

Los inhibidores de puntos de control inmunitario (IPCI), los cuales tienen como objetivo liberar el poder del sistema inmunológico en los tumores, son algunos de los tratamientos más recientes y sorprendentes contra el cáncer. Sin embargo, la mayoría de los pacientes que los reciben no se benefician. Los resultados de dos estudios recientes llevados a cabo en ratones, sugieren que una de las razones de este fenómeno podría obedecer a que las personas que no responden no tienen en los intestinos la mezcla adecuada de bacterias. Ambos estudios demuestran que la composición del microbioma** intestinal (los enjambres de microorganismos que habitan naturalmente en los intestinos), determina la eficacia de estas inmunoterapias contra el cáncer.

Image result for microbioma imagenesEstos estudios son los primeros en vincular a nuestros habitantes intestinales con la potencia de los IPCI, los fármacos que desarticulan uno de los trucos de supervivencia del cáncer. Para evitar el ataque a los tejidos sanos del cuerpo, las células del sistema inmunológico (SI) poseen receptores que disminuyen su actividad. Sin embargo, las células tumorales también pueden estimular estos receptores, evitando así que el SI las ataque. IPCI como el ipilimumab (que está en el mercado desde el año 2011), el nivolumab, y el pembrolizumab impiden que las células tumorales estimulen los receptores***.

Este trabajo de investigación podría cambiar la forma en que los médicos usan estos medicamentos. Según expresó la inmunóloga Yasmine Belkaid del National Institute of Allergy and Infectious Disease de Bethesda, Maryland (quien no estuvo involucrada con estos estudios) “ambos trabajos muestran de manera convincente que los microbios pueden afectar los tratamientos”. El biólogo molecular Scott Bultman de la University of North Carolina School of Medicine, en Chapel Hill, indicó que en el pasado, para explicar la falta de eficacia de un IPCI en particular, los investigadores buscaron la presencia de mutaciones en el genoma del paciente. Agregó, además, que los nuevos resultados son alentadores ya que es “es más fácil cambiar nuestra microbiota intestinal que nuestro genoma”.

 

Los IPCI pueden reducir los tumores y prolongar la vida de los pacientes, a veces durante años. Sin embargo, solo una fracción de los que reciben la medicación mejoran. Por ejemplo, aproximadamente el 20% de los pacientes con melanoma tratados con ipilimumab viven más tiempo. Los investigadores no saben qué es lo que los distingue del otro 80%.

Un efecto secundario del ipilimumab condujo al oncoinmunólogo Laurence Zitvogel y a sus colegas del Gustave Roussy Cancer Campus en Villejuif, Francia, a analizar el microbioma. Con frecuencia, el fármaco desencadena colitis, una inflamación del intestino grueso, lugar en donde vive parte de nuestro microbioma. Ese efecto secundario llevó a los investigadores a pensar que los IPCI podrían interactuar con el mismo. Basados en esta idea, los científicos rastrearon el crecimiento de tumores implantados en ratones que carecen de bacterias intestinales. El IPCI que probaron resultó ser menos potente en este grupo de animales.

El análisis realizado por Zitvogel y colegas sugirió que ciertas bacterias pertenecientes a los géneros Bacteroides y Burkholderia eran las responsables del efecto antitumoral del microbioma. Para confirmar esa posibilidad, los investigadores transfirieron los microbios a ratones sin bacterias intestinales, ya sea alimentándolos con los microorganismos o dándoles las heces ricas en Bacteroides provenientes de algunos pacientes tratados con ipilimumab. En ambos casos, se observó que la presencia de los microbios reforzó la respuesta de los animales a un IPCI. Zitvogel dijo que “nuestro SI puede ser movilizado por los trillones de bacterias que tenemos en nuestro intestino”.

El inmunólogo Thomas Gajewski de la Universidad de Chicago (UC) en Illinois y sus colegas llegaron a una conclusión similar después de notar una disparidad entre los ratones que habían recibido de diferentes proveedores. Los tumores de melanoma crecieron más lentamente en los ratones provenientes de Jackson Laboratory que en los de Taconic Farms. Basados en el hecho de que los microbiomas de los roedores que comparten jaula tienden a homogeneizarse (los animales se comen las heces), los investigadores colocaron los ratones de los dos proveedores en la misma jaula. Los científicos encontraron que la cohabitación borró la diferencia en el crecimiento del tumor, indicando así que la evolución del tumor depende del tipo de microbio presente en el intestino de los roedores.

Cuando analizaron los microbiomas de los ratones, los investigadores identificaron un género bacteriano conocido como Bifidobacterium. El equipo encontró que la alimentación de los ratones de Taconic Farms con un probiótico que contiene varias especies de Bifidobacterium, aumentó la eficacia de un IPCI contra tumores. “La respuesta antitumoral endógena está significativamente influenciada por sus bacterias comensales”, dice el coautor Ayelet Sivan, quien era un doctorando de la UC cuando se llevó a cabo la investigación. Hoy ambos grupos informaron sus resultados online en Science.

Los dos equipos de investigación usaron diferentes grupos bacterianos, sin embargo ese hecho no preocupa al inmunólogo Christian Jobin de la University of Florida College of Medicine, en Gainesville.  Él dice que “diferentes fármacos, diferentes microbios, pero el mismo resultado”. Además, añade que el nuevo trabajo complementa un par de estudios efectuados en el año 2013 donde se demostró que el microbioma afecta cómo funciona la quimioterapia.

De acuerdo a Cynthia Sears, especialista en enfermedades infecciosas en Johns Hopkins School of Medicine, Maryland, el descubrimiento “abre nuevas formas de potencialmente mejorar la terapia”. Por ejemplo, existe la posibilidad de poder reforzar con probióticos la respuesta antitumoral de un paciente. Sin embargo, los investigadores también ven algunos obstáculos en el camino. Como señala Zitvogel, las agencias reguladoras de los EE. UU. y Europa no han aprobado el uso de probióticos para tratar pacientes con cáncer. Tampoco está claro cómo los microbios aumentan la respuesta inmunológica. Las bacterias intestinales son clave para el desarrollo del SI, sin embargo, los investigadores no están seguros acerca de cómo modifican su función en animales maduros. Los científicos recién están aprendiendo a “jugar” con el microbioma. Según Sears, “No está claro que podamos manipular de manera significativa la microbiota y crear efectos positivos para la salud”. Sin embargo, los investigadores dicen que los estudios sugieren que podemos tener algunos nuevos aliados poderosos en la lucha contra el cáncer.

  • Aquí un billón son un millón de millones, equivalente a un trillón para los americanos.

** Nota del traductor: también conocido como microbiota.

*** Nota del traductor: que están en las células del SI.

 

La estricnina, la maldición de la Universidad de Stanford

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Este escrito fue extraído del libro Temas de Ciencia en la Salud.

En el año 2015, Xiangyu Ouyang, una estudiante de medicina de la prestigiosa Universidad de Stanford, decidió agregar paraformaldehído a la botella de agua de cuatro de sus compañeros de laboratorio. De acuerdo a lo narrado a la policía, los estudiantes percibieron rápidamente ardor en la boca, lagrimeo y salivación intensa (2). Por suerte el incidente no pasó a mayores, sin embargo, con esa acción Xiangyu logró convertir al envenenamiento en una tradición que tiñe a la universidad de Stanford desde sus inicios.

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Jane Stanford.

En la tarde en los primeros días del año 1905, Jane Stanford (una de las fundadoras y presidente de la junta administrativa de la universidad), estando en su mansión de San Francisco, bebió del agua mineral que se hacía traer de Polonia. Luego de detectar un sabor amargo en el agua, se indujo vómitos y llamó a gritos a su secretaria personal y empleada doméstica. Después de probar el líquido, ambas coincidieron con que tenía un sabor extraño. Jane envió de inmediato la botella a una farmacia para que analicen su contenido. A las pocas semanas la señora Stanford recibió el informe: La muestra estaba contaminada con estricnina, en cantidades suficientes como para matar a una persona en materia de minutos.

Deprimida por estar convencida de que alguien de su entorno había intentado asesinarla, y afectada por los síntomas de un resfriado persistente producto del clima frío y húmedo de la ciudad de San Francisco, la acaudalada señora decidió emprender un viaje de recuperación a Hawái a principios del año 1905.

Una vez en Honolulu, sintiendo pesadez estomacal luego de la cena, el 28 de febrero le pidió a Bertha Berner, su secretaria personal durante más de 20 años, que le prepare una solución de bicarbonato de sodio. A las 23:15 h, Jane llamó llorando a sus sirvientes pidiendo que traigan con urgencia a un médico asegurando que había sido envenenada nuevamente. Mientras el doctor Francis Humphris le administraba una solución de bromo e hidrato de cloral, Jane se quejaba de que sentía las mandíbulas tiesas y manifestó que lo de ella “era una manera horrible de morir”. Luego sufrió un espasmo tetánico que progresó de forma irremediable hasta dejarla en un estado de rigidez severa. De acuerdo al informe médico “su mandíbula se cerró firmemente, sus muslos se abrieron totalmente, sus piernas se le doblaron hacia adentro, los dedos de sus manos se cerraron y su cabeza se fue hacia atrás” (3).

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Fig 2. Estricnina

El análisis forense indicó que la botella de bicarbonato tenía estricnina, al igual que las muestras de tejido obtenidas durante el examen forense. Basado en estos datos el informe médico forense no dudó en concluir que la acaudalada señora “había muerto por envenenamiento con estricnina”. La sospecha cayó sobre su secretaria Bertha ya que ella también había estado presente en el primer intento de envenenamiento. Sin embargo, los detectives no pudieron probar su culpabilidad dado que la botella de bicarbonato se había comprado en California hacía tiempo y muchas personas habían tenido acceso al equipaje de Jane durante el periodo de empaque.

La rareza asociada a la muerte de la señora Stanford aumentó aún más cuando el presidente de la Universidad de Stanford, David Starr Jordan (a quien Jane planeaba destituirlo de su cargo), decidió intervenir directamente en el caso (4). Cuando se enteró de lo ocurrido, Jordan partió de inmediato hacia la isla y a su arribo contrató al doctor Ernest Waterhouse con el fin de disputar el dictamen de los médicos forense de Honolulu. Pese a las amplias evidencias a favor del dictamen oficial, el prestigio y la presión de Jordan hicieron que los forenses reviertan la opinión original y caratulen el caso como “muerte por fallo cardíaco”.

Fig 3. Semilla del Strychnos nux-vomica

La estricnina es un producto cristalino, de sabor amargo, que se extrae de las semillas y la corteza del Strychnos nux-vomica, conocido también como el árbol de estricnina o nuez vómica (5). El árbol es originario de la India, alcanza los 15 m de altura y sus hojas son ovaladas y lustrosas. Además de la estricnina, sus semillas contienen la brucina, un alcaloide más venenoso que la propia estricnina (6). En las figuras 2 y 4 (7), puede apreciarse la gran similitud que existe entre ambos productos naturales. Desde el punto de vista químico, la estricnina pertenece al grupo de los alcaloides y su estructura es tan compleja que ha llamado la atención de muchos químicos orgánicos. Hasta la fecha la sintetizaron 18 veces, siendo el nobel Robert Woodward el primero en haberla formalizado en el año 1954.

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Fig 4. Brucina

La estricnina quizás no sea el producto natural más usado en homicidios, sin embargo, es uno de los que posiblemente produce el peor efecto en la víctima, sobre todo, porque la misma permanece consciente hasta último momento. Este producto natural mata a un adulto en dosis que van entre los 100-500 mg, y los primeros efectos (convulsiones) comienzan a manifestarse a los 15 minutos de ingerido. Mata a la víctima por asfixia y su efecto a nivel del sistema nervioso central obedece a que actúa como agonista de los receptores de los neurotransmisores glicina y acetilcolina. Fue el veneno preferido de Oskar Dirlewanger, uno de los jerarcas más crueles que tuvo el régimen Nazi. Este comandante de la SS,  entre otras aberraciones, dicen que gozaba con desnudar a las mujeres, darles de beber una poción de estricnina y ver como se retorcían antes de morir. Históricamente, la estricnina se usó para matar ratas y animales asilvestrados. En la actualidad, muchos países han prohibido su uso y la han remplazado por venenos que matan al animal causándole menor sufrimiento.

 

Ensayos clínicos mortales: el caso BIA 10-2474

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El 9 julio del año 2015, la empresa francesa Biotrial había iniciado los estudios clínicos de fase 1 de BIA 10-2474, un fármaco experimental perteneciente a la empresa farmacéutica Bial. El 10 de enero del año 2016, cinco días luego de haberse iniciado el protocolo con la dosis más elevada del fármaco, uno de los voluntarios comenzó a sentirse mal y tuvo que ser internado de urgencia en el hospital con síntomas semejantes al de un accidente cerebrovascular. El paciente entró en coma y murió a los dos días. Además, otros cuatro voluntarios pertenecientes al mismo grupo fueron ingresados con signos similares, y si bien sobrevivieron, quedaron con secuelas neurológicas irreversibles.

Biotrial Drug EvaluationEste hecho causó  gran sorpresa y preocupación en la comunidad científica ya que este tipo de eventos es muy poco común en esta etapa de los estudios clínicos (fase 1). Conviene recordar que este tipo de ensayos se hace precisamente, entre otros motivos, para establecer la dosis a la cual el medicamento comienza a mostrar signos de toxicidad.  Para obtener estos datos con el menor riesgo posible, los investigadores le administran a cada participante (voluntarios, generalmente pagos por la empresa que patrocina el estudio) una dosis muy baja de la droga en estudio y la van incrementando lentamente. Los datos recogidos se usan posteriormente para establecer el rango de dosis seguras (o de bajo riesgo) para comenzar los ensayos clínicos de fase 2.

El caso BIA 10-2474, más allá del sufrimiento y la pérdida humana que dejó como saldo, sirve para alertarnos  de los riesgos a lo que se exponen los voluntarios que deciden participar en los estudios clínicos, en este caso de fase 1, y para señalarnos la necesidad de tener que mejorar la batería de estudios preclínicos (en animales y células) y los protocolos de estudios clínicos.

Lo que resta de este escrito es una traducción de un artículo escrito por Hinnerk Feldwisch-Drentrup publicado en la revista Science del mes de junio de este año. El autor narra los esfuerzos efectuados por un grupo de investigadores con el fin de elucidar el posible mecanismo biológico que derivó en la tragedia ocurrida durante el estudio clínico llevado a cabo a cabo con la droga experimental BIA 10-2474.

Nuevas pistas que explican las razones por las que un estudio clínico en Francia terminó en tragedia

Los científicos están más cerca de entender el por qué un ensayo clínico en Francia mató a un voluntario y llevó a la hospitalización de otros cinco en enero de 2016. Un nuevo estudio muestra que el fármaco experimental BIA 10-2474, además de inhibir a la enzima esperada, afecta a muchas otras. Estos efectos “fuera de objetivo” (off-target) podrían explicar por qué el fármaco causó efectos secundarios que van desde dolores de cabeza hasta daño cerebral irreversible.

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BIA 10-2474

“Sospechábamos que BIA 10-2474 era un mal compuesto; ahora lo sabemos con seguridad”, dice el neurofarmacólogo Daniele Piomelli de la Universidad de California, Irvine, quien no estuvo involucrado en el nuevo estudio.

La molécula había sido fabricada por la farmacéutica portuguesa Bial y probada en estudio de fase I (voluntarios sanos) por la empresa Biotrial, una empresa francesa de investigación por contrato ubicada en Rennes, Francia. BIA 10-2474 inhibe una enzima llamada amida hidrolasa de ácidos grasos (FAAH), encargada de descomponer los endocanabinoides en el cerebro. Investigaciones previas sugerían que los inhibidores de la FAAH podrían ayudar a tratar la ansiedad, el dolor crónico o trastornos neurodegenerativos como la enfermedad de Parkinson. A pesar que otras empresas farmacéuticas, incluyendo Pfizer, ya habían abandonado los inhibidores de FAAH debido a los resultados decepcionantes obtenidos en los estudios de eficacia, la mayoría de las moléculas habían mostrado ser seguras, como lo confirmó lo FDA en agosto de 2016.

Sin embargo, éste no resultó ser el caso con BIA 10-2474. El neurocientífico Steven Kushner del Centro Médico de la Universidad Erasmus en Rotterdam, el biólogo Mario van der Stelt de la Universidad de Leiden, junto a colegas de otros institutos, decidieron averiguar el motivo.

Los investigadores usaron una técnica llamada “caracterización de proteínas basada en la actividad”, lo que les permitió analizar la actividad de la molécula en un grupo significativo de enzimas presentes en células humanas vivas. Encontraron que en concentraciones más altas, el medicamento de Bial interrumpía la actividad de varias lipasas; enzimas que descomponen los ácidos grasos. Por el contrario,  el fármaco de Pfizer no mostraba el mismo comportamiento. Una de las enzimas “fuera de objetivo” es la que se conoce como PNPLA6. Estudios previos habían establecido una correlación entre los defectos del gen que codifica para esta enzima con trastornos neurológicos raros. De acuerdo al grupo de expertos, estos resultados sugieren que BIA 10-2474 podría alterar la forma en que las neuronas de la corteza cerebral metabolizan los lípidos.

Sin embargo, los investigadores no están completamente seguros de que los efectos “fuera de objetivo” sean los responsables del daño cerebral observado en los estudios clínicos. De acuerdo a Van der Stelt, “todavía no tenemos pruebas de la existencia de una relación causal. Una manera de averiguarlo podría ser analizando muestras del cerebro de la persona fallecida.”

De acuerdo a Van der Stelt, los efectos “fuera de objetivo” del fármaco podrían depender de la especies biológicas en estudio. Este hecho explicaría el por qué los estudios toxicológicos efectuados en ratas y ratones no pusieron en evidencia el peligro del fármaco. Sin embargo, de acuerdo a Van der Stelt, “la empresa propietaria del fármaco experimental podría haber detectado el riesgo de la droga si hubiese examinado a fondo los efectos “fuera de objetivo” en células humanas, tal como se hizo en el nuevo estudio. Eso es lo que hizo Pfizer con su inhibidor FAAH.”

Jürg Gertsch, bioquímico de la Universidad de Berna, está de acuerdo. Jürg dice que es “increíble” que la empresa no haya hecho estudios más extensos sobre los efectos de la droga antes de probarla en humanos. Gertsch estudió personalmente los efectos de BIA 10-2474 en células de sangre humana; estudio que aún no fue publicado.

“El nuevo estudio no proporciona una explicación sobre la toxicidad observada con el compuesto BIA 10-2474, pero sí resalta su naturaleza promiscua”, dice Pomelli, quien califica la decisión de avanzar con el estudio en humano como “profundamente equivocada”. Agrega además, que las dosis administradas a los voluntarios en el grupo donde ocurrió el accidente fueron innecesariamente altas, ya que la inhibición total de FAAH ocurre a un nivel mucho más bajo.

Según un portavoz de la empresa, Bial da la bienvenida a “cualquier estudio” que pudiera ayudar a arrojar luz sobre este incidente. Añade que los resultados de la investigación llevada a cabo por la empresa se alinean mayormente con el nuevo documento pero que es poco probable que puedan explicar los efectos neurológicos observados en el estudio.

Aunque las empresas Bial y Biotrial fueron fuertemente criticadas por el estudio, las autoridades francesas llegaron a la conclusión de que ninguna de las dos empresas violaron las regulaciones de ensayos clínicos. A raíz del caso, la Agencia Europea de Medicamentos está evaluando implementar normas más estrictas para los estudios clínicos de fase 1.

Los efectos de las noticias falsas sobre la salud de nuestro planeta

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Este tema se aparta de los tópicos tratados en el blog, sin embargo, por su gran actualidad e impacto en el curso de las negociaciones sobre el cambio climático, decidí incluirlo, además de estar estrechamente vinculado al primer capítulo de mi último libro. Este escrito es una traducción literal de un artículo que apareció publicado en la revista Nature Communications en abril de este año.

Las noticias falsas amenazan a un mundo instruido en materia de clima

El 2015 puede considerarse como el año más significativo desde el punto de vista del medio ambiente: el acuerdo de París sobre el cambio climático y la agenda para el desarrollo sostenible del año 2030 son dos acuerdos internacionales sin precedentes, los cuales, combinados, ofrecen una guía para lograr un mundo con bajas emisiones de carbono, resistente al cambio climático y para erradicar la pobreza a nivel global. Sin embargo, dado que la implementación de estos acuerdos depende en gran medida de las leyes ambientales y las políticas climáticas promulgadas por los gobiernos electos, muchos argumentan que una sociedad compuesta por ciudadanos alfabetizados en cuestiones climáticas y ambientalmente es esencial para su éxito (un argumento aparentemente reforzado por los severos cortes a los programas científicos propuestos por la administración norteamericana recientemente elegida).

Una forma de darle poder a los conocimientos es aumentando la difusión de la información científica. La UNESCO considera que el acceso abierto a la literatura es fundamental para el descubrimiento científico, la innovación y el desarrollo socioeconómico, y lo ha señalado como la clave para lograr la mayoría de los objetivos de desarrollo sostenible para el año 2030 (http://www.unesco.org/new/en/communication-and-information/access-to-knowledge/open-access-to-scientific-information/). Este sentimiento es altamente compartido por los editores de Nature Communications (todos nuestros artículos están disponibles gratuitamente desde enero del año 2016 y se publican bajo una licencia común menos restrictiva, permitiendo su máxima reutilización). Sin embargo, dada la proliferación de desinformación impulsada por las noticias falsas que caracterizan a la sociedad moderna, ¿alcanza solamente con el suministro de conocimiento?

Si bien el concepto tomó nuevo ímpetu luego de las recientes elecciones en los EE. UU., las noticias falsas han abundado en las áreas de ciencia del clima y del medioambiente durante décadas. Para muchos, las campañas de información errónea, la exposición selectiva a los medios de comunicación, las controversias fabricadas, los hechos alternativos y los “false balance” de los medios (Boykoff, M.T. y Boykoff, J.M. Glob. Environ. Chang., 14, 125-136 (2004)), manipularon el conocimiento científico, sembraron la semilla de la duda y confundieron a la población; hecho que amenaza con descarrilar el progreso logrado en materia ambiental.

La concienciación pública acerca del consenso científico sobre el cambio climático causado por el ser humano, es un excelente ejemplo acerca de las consecuencias asociadas a la desinformación científica. Con un 97% de los expertos científicos de acuerdo con que el cambio climático es el resultado de la actividad humana, el consenso en materia ambiental es claro (Cook, J. et al., Environ. Res. Let. 8, 024024 (2013)). Sin embargo, una encuesta realizada en el año 2016 por el  Programa Sobre la Comunicación del Cambio Climático de la Universidad de Yale, mostró que más de la mitad de los norteamericanos desconocen que existe un consenso y que el 28% cree que existe una gran incertidumbre (http://climatecommunication.yale.edu/visualizations-data/ycom-us-2016/).

La mitad de los americanos y dos tercios de los británicos admiten desconocer el origen de las noticias que alimentan los medios sociales (https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/sites/default/files/Digital-News-Report-2016.pdf). La preferencia de la gente por asociarse con quienes piensan de forma similar y el efecto cámara de eco generado por los  medios sociales pueden perpetuar el problema. Esto es especialmente preocupante dado que, a los 18 años de edad, el 88% de los adultos jóvenes afirman recibir noticias a través de Facebook y otras redes sociales.(http://www.mediainsight.org/PDFs/Millennials/Millennials%20Report%20FINAL.pdf).

Es poco probable que un aumento de la visibilidad de la información científica por sí solo resuelva este problema. Estudios sociológicos demuestran que los valores, la visión del mundo y la orientación política de los individuos tienen mayor peso en la opinión sobre los riesgos ambientales (como es el cambio climático), que el conocimiento científico (Stern, P. C. Nat. Clim. Chang. 6, 341-342 (2016)). Es prudente entonces proveer a la gente a edades tempranas de las herramientas necesarias para que pueda distinguir las noticias falsas, antes de que se defina políticamente y establezca sus redes sociales. Esto es especialmente importante a la luz de resultados recientes que indican que el 82% de los estudiantes de escuelas intermedias y secundarias de los EE. UU. no puede distinguir entre un post patrocinado y un artículo real en la misma página web (https://sheg.stanford.edu/upload/V3LessonPlans/Executive%20Summary%2011.21.16.pdf), y que un número significativo de maestros estadounidenses no mencionan en sus programas de estudios de la escuela media y secundaria, a la actividad humana como la causa subyacente del cambio climático (Plutzer, E. et al., Science 351, 664 – 665 (2016)).

La magnitud de la problemática es desalentadora y es probable que la solución al problema requiera del esfuerzo colectivo de las partes interesadas, ​​si se desea obtener un cambio perceptible. Sin embargo, están surgiendo signos positivos ya que los educadores planean instalar programas de alfabetización mediática para entrenar a los estudiantes en el uso del pensamiento crítico y la verificación independiente de los hechos.  Algunos sectores de los medios están apartándose del “false balance” y están adoptando un enfoque más interpretativo, donde las opiniones son contextualizadas (Bruggemann, M. & Engesser, S. Glob. Environ. Chang. 42, 58–67 (2017)). Además, Facebook y otras redes sociales están estableciendo colaboraciones con organizaciones que ayudan a la verificación de los hechos.

Un número cada vez mayor de científicos está tratando de involucrarse con la sociedad dando a conocer sus investigaciones, sin embargo, (al igual que el resto de la gente)* corren el peligro de caer en la trampa de su propia cámara de eco. La mayoría de los científicos cita como objetivo primordial el intercambio de información con sus colegas, y aquellos que llegan más allá del círculo académico priorizan la educación y la defensa del hecho científico sobre la de crear confianza y la de establecer resonancia con el público (Dudo, A. y Besley, J.C. PLoS ONE 11, e0148867 (2016)). Como editores, podemos ayudar en la construcción de esta relación de confianza a través de iniciativas como es la implementación de revisión por pares abierta y transparente, las cuales alumbran el intenso escrutinio a los que se someten los trabajos científicos que se publican, y también la de facilitar a los contribuyentes el acceso a los resultados de las investigaciones financiada públicamente.

Los científicos deben contar con el entrenamiento, el tiempo y la guías necesarias para aprovechar las herramientas tecnológicas disponibles para así lograr el máximo potencial como educadores. Además, deben involucrarse con la temática de forma que puedan establecer con el público un diálogo bidireccional y abordar en forma específica los factores que contribuyen a la percepción que tiene la sociedad sobre los riesgos ambientales, en lugar de simplemente comunicar más hechos físicos. El advenimiento de un nuevo campo interdisciplinario conocido como ecología traslacional, el cual  busca dotar a los científicos con las habilidades necesarias para traducir la investigación ambiental en normas, representa un paso prometedor en esta dirección (Schlesinger, W. H. Science 329, 609 (2010)).

Si aspiramos a que las iniciativas ambientales duramente ganadas en los últimos dos años tengan éxito, se hace necesario inocular eficientemente a la sociedad contra las noticias falsas. Si las partes interesadas deciden aceptar colectivamente la responsabilidad de abordar esta problemática, quizás estemos a tiempo de que el 2015 sea un año para celebrar y recordar.

  • Nota del traductor.

Fuente: https://www.nature.com/articles/ncomms15460

El precio de los medicamentos

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El contenido de esta entrada ha sido extraido del libro Temas de Ciencia en la Salud.

El caso Valeant y los buitres financieros

En el año 2002, Celera, la empresa donde trabajaba, nombró a Kathy Ordoñez como nuevo CEO (una posición equivalente a la de presidente). Esta designación sorprendió a la mayoría de los empleados ya que su experiencia previa era en el área de diagnóstico y no en el de desarrollo de fármacos, como todos esperábamos. Al asumir su nuevo rol, Kathy, una mujer de voz suave y personalidad carismática, se encargó de apaciguar el ánimo de los empleados asegurando que la compañía continuaría enfocándose en el desarrollo de nuevos fármacos. Tres años más tarde, cuando las reservas de dinero de la empresa habían mermado sustancialmente, Kathy anunció que Celera había decidido orientarse hacia el desarrollo de nuevos “kit” de diagnósticos. Como consecuencia, la empresa desmanteló el área de investigación y desarrollo de fármacos despidiendo entre otros a químicos, biológicos y farmacólogos, y vendió los proyectos más avanzados a otras empresas. Esta pequeña historia de la cual fui parte, sirve para confirmar que gran parte del futuro de una empresa se decide en el mismo momento en que el directorio elige a su CEO.

Imaginemos ahora qué sucedería si el directorio de una empresa farmacéutica, en vez de elegir a un CEO con conocimiento en el área farmacéutica elige a uno sin experiencia en el área, y con trayectoria en administración de empresas. La respuesta a esa incógnita puede encontrarse analizando lo sucedido con Valeant Pharmaceuticals International (Valeant), la empresa farmacéuticas canadiense más grande especializada en la venta de genéricos.

Image result for valeant pharmaceuticals logoValeant se creó en el año 2003 cuando ICN Pharmaceuticals, luego de unirse a Viratek y SPI Pharmaceuticals, decidió adoptar el nombre de Valeant Pharmaceuticals International. En el año 2008 el directorio de la empresa nombró como CEO a J. Michael Pearson, un licenciado en ciencias económicas que había trabajado para una organización especializada en asesoría de administración de empresas. Pearson no era un desconocido para el directorio de Valeant (ni tampoco las ideas que posteriormente iría a implementar), ya que en el momento de su nombramiento estaba actuando como consultor de la empresa (10).

Tras su asunción, Pearson dejó en claro que adoptaría una estrategia empresarial de bajo riesgo que aseguraría a los inversores de Valeant buenas ganancias. Las palabras de Pearson habrán resonado dulcemente en las paredes del auditorio donde habló por primera vez.  Sin embargo, me imagino que aquellos con experiencia en el área de investigación de fármacos habrán quedado probablemente boquiabiertos ya que el calificativo “bajo riesgo” no es algo que se escucha a menudo en el ámbito farmacéutico, especialmente en empresas que aspiran a descubrir nuevos medicamentos.

Dado que Pearson sabía que el dinero destinado a investigación y desarrollo (R&D) en la industria farmacéutica es dinero de alto riesgo, el nuevo CEO decidió que Valeant invertiría un mínimo en R&D (un 6% en lugar de 15-20% como es la norma) y las ganancias vendrían de la comercialización de fármacos antiguos, vendidos a precios (ridículamente) elevados. De esta forma, Valeant haría dinero con la venta de medicamentos en vez de cumplir con la misión de ayudar al desarrollo de nuevos fármacos. En el modelo de Pearson, la presencia de R&D, serviría mayormente para encubrir un modelo empresarial rapaz, insensible a la necesidad de la gente, basado en el aumento injustificado del precio de medicamentos antiguos.

 

Para lograr su objetivo, el nuevo CEO comenzó a comprar pequeñas empresas farmacéuticas a las cuales cerraba en forma inmediata tras obtener lo que era realmente importante para su gestión: sus productos, en este caso, fármacos y sus derechos de venta. Esta estrategia comercial les garantizó a los inversores de Valeant buenas ganancias y jugosos dividendos. Las acciones de Valeant se multiplicaron por 25 en menos de siete años y la empresa llegó a ser una multinacional con presencia en 80 países. Esta estrategia le permitió a su Pearson lograr su objetivo personal (no declarado por razones obvias) de convertirse en multimillonario de la noche a la mañana. El éxito de Valeant como empresa  y con sus accionistas podemos decir que fue proporcional al daño financiero que causó en la población ya que su política estuvo asociada al despido de cientos de personas y a un aumento considerable en la carga financiera del sistema de salud de los Estados Unidos y Canadá.

 

 

Como ejemplo para ilustrar al lector sobre lo mencionado en el párrafo anterior podemos mencionar lo sucedido con el nitroprusiato y la isoprenalina, dos fármacos que llevaban años en el mercado. Valeant compró los derechos de venta de ambos, los bautizó con otros nombres (Nitropress e Isuprel) y les incrementó el precio en un 212% y un 525%, respectivamente (11). Una estrategia similar fue la que aplicó con la metformina, un fármaco para la diabetes en venta desde los años 50 y que era comercializado por Salix Pharmaceuticals a un precio razonable (12). En el año 2015 Valeant compró a Salix, le dio a su producto el nombre de Glumetza® y elevó su precio en un 800%.

 

Los peligros de creer en las pseudociencias

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Esta entrada es el inicio del primer capítulo del libro “Temas de Ciencia en la Salud”.

El poder del tarot

El ruso era simpático y un personaje muy particular dentro del grupo estudiantes. Con frecuencia, solía dedicarle 15 minutos de su día a “tirar las cartas” a tres mozas del curso de metalurgia que se llevaba a cabo en el edificio de la Comisión de Energía Atómica (CNEA), en la ciudad de Buenos Aires. Leer el tarot era una actividad que él disfrutaba pero que lo hacía solo a pedido de los interesados.

tarotEn una oportunidad, decidí quedarme después de clase para ver en qué consistía dicha actividad. Rápidamente noté que para dos de las mujeres, lo que ocurría en la mesa no era algo que podía tomarse como un simple pasatiempo. No es para menos ya que según ellas (y todos los que creen en el tarot), existen fuerzas ocultas que definen el orden con el que salen las cartas del maso, el cual, si es interpretado correctamente, sirve para predecir el destino de un individuo en materia sentimental, laboral o financiera.

Luego de presenciar el evento entendí por qué al ruso le divertía tanto leer el tarot. Cuando ponía la carta sobre la mesa no decía inmediatamente lo que “veía” sino que primero miraba fijamente a la persona, estudiaba sus reacciones, hacía una buena pausa para generar suspenso y luego decía algo que a mi entender, era sumamente ambiguo. En base a la reacción que exhibía la persona, le daba un pequeño giro a lo dicho de forma tal que muy fácilmente, podía significar lo opuesto. Me quedé altamente impresionado con la reacción de las mujeres al recibir la noticia de que, quizás, ya habían conocido a sus novios, o que irían a casarse en los próximos cuatro años, o que pronto recibirían una oferta laboral importante. Las expresiones de sus rostros cambiaban de pálido a rojo, o de felicidad a preocupación. Ahí estaba el espectáculo que tanto divertía al ruso quien, muy inteligentemente, les decía cosas que las dejaban conformes.

Vale la pena aclarar que las “chicas” eran mujeres entre 24-26 años, profesionales con formación científica. Mientras me preguntaba para qué servía escudriñar en el futuro de uno cuando nada puede hacerse por cambiarlo, no salía de la sorpresa de que alguien con formación en ciencia sea capaz de creer en el poder del tarot. En forma indirecta, creer en el tarot es creer en la existencia de fuerzas ocultas más allá de las reconocidas por la física moderna como son las fuerzas del electromagnetismo, la gravedad, y las fuerzas nucleares débiles y fuertes. Me preguntaba acerca de cuánto uno debe estar dispuesto a creer en el tarot como para dejar de lado el sentido común, por no decir el pensamiento crítico que “supuestamente” nos enseñaron en la universidad.

Han pasado más de 35 años de aquella experiencia y aún me sigue sorprendiendo la capacidad que tienen ciertos individuos de creer en hechos donde la magia es el único medio de poder explicarlos. Como pude comprobar a través de mis compañeras, tener formación en ciencia no es un antídoto contra las creencias basadas en el pensamiento mágico. Lo cierto es que quien acepta a prima facie un fenómeno que desafía los conceptos firmemente establecidos por la ciencia, debería estar dispuesto a dejar la ciencia de lado. De hecho, las evidencias muestran que muchas personas no tienen problemas en ir en contra de lo establecido, aún si eso implica entrar en el campo del negacionismo puro y duro. Tal es el caso de los creacionistas quienes, basados en datos que figuran en la biblia, dicen creer que la tierra tiene menos de 10.000 años de antigüedad, cuando hoy se sabe con certeza de que tiene más de 4.500 millones de años de existencia.

Una mirada crítica al pensamiento mágico de las pseudociencias

Si entrase a una sala llena de expertos en física cuántica y dijese que cada pensamiento que nuestro cerebro es capaz de albergar está codificado por una función de onda específica, la cual colapsa y se vuelve parte de nuestro consciente con el acto de pensar, terminaría probablemente colectando tantos tomates como para vivir el resto de mis días haciendo salsa para tallarines. Sin embargo, si la sala en vez de estar llena de expertos estuviese llena de gente ajena a la ciencia, quizás más de uno consideraría que lo que dije fue genial y que merecería un aplauso.

tyson degrasseLa realidad es que lo dicho, por bonito que suene, no tiene el menor sustento científico. Esto es precisamente lo que hacen los pseudocientíficos: impresionan a la gente con frases cargadas con términos científicos para transmitir o resaltar un concepto el cual, muchas veces, no tiene nada que ver con la ciencia. Un ejemplo de este comportamiento es el del famoso gurú espiritual Dipak Chopra quien, usando algunos conceptos de la mecánica cuántica para explicar el carácter colectivo del subconsciente, ha logrado hacer una fortuna. En otras áreas del conocimiento, también se puede mencionar el caso de Erich von Däniken, un escritor suizo que escribió un par de decenas de libros en base a la hipótesis de que en el pasado la tierra recibió la visita de seres extraterrestre. Para convencer a los lectores de su osada hipótesis, Däniken presentó evidencias arqueológicas que caen en la categoría de lo que se conoce como pseudoarqueología o arqueología fantástica.

Una de las diferencias más notables entre las hipótesis científicas y las no científicas (o pseudocientíficas) es que las hipótesis del primer tipo pueden refutarse a través de la experimentación (es decir, son falsable), en tanto las hipótesis pseudocientíficas se plantean de forma que no pueden refutarse por medios experimentales. Los defensores de las afirmaciones pseudocientíficas dicen que el hecho de que algunas hipótesis no sean aceptadas por la ciencia no implica que las mismas sean falsas ya que muchas hipótesis consideradas no científicas, con el tiempo se confirmaron y pasaron a formar parte del conocimiento científico. Dos ejemplos que caen en esta categoría son la hipótesis de la deriva continental y la hipótesis microbiana de la enfermedad. Estas dos hipótesis fueron inicialmente rechazadas por falta de evidencias, sin embargo, terminaron siendo aceptadas luego de mucho tiempo después de haber sido formuladas.

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Erich von Däniken

Algunas personas con propensión a creer en conceptos pseudocientíficos argumentan que la ciencia, como producto de sus propias limitaciones, niega la existencia de muchos fenómenos reales. Es muy difícil ir en contra de este argumento ya que la ciencia estudia y reconoce solo aquellos fenómenos que pueden observarse, repetirse y medirse en condiciones controladas. Esta es la razón por lo que la ciencia niega la existencia de fenómenos paranormales como son la telepatía, la telequinesis y la capacidad de poderse comunicar con espíritus, entre otros. Sin embargo, esto no es equivalente a decir que la ciencia acepta solo fenómenos que tienen base racional. Como ejemplo, la mecánica cuántica se basa en conceptos que desafían el sentido común ya que va en contra de los conceptos intuitivos del tiempo y el espacio. Es por eso que Richard Feynman, uno de los grandes físicos del siglo 20, dijo que “si usted piensa que entiende la mecánica cuántica, usted no la entiende”. Pese a esta gran limitación, y dado que las ecuaciones de la mecánica cuántica permiten efectuar predicciones teóricas muy precisas acerca del comportamiento de las partículas subatómicas, los conceptos de la física cuántica son aceptados por la ciencia.

Resulta obvio que la tendencia del ser humano para aceptar ideas sin cuestionar la validez de las mismas provee un terreno fértil para el surgimiento de las pseudociencias. Los fenómenos como los OVNIS, la astrología, las percepciones extrasensoriales y la quiromancia, entre otros, carecen de bases necesarias para convertirse en objetos de estudio científico. La ciencia adquiere conocimientos siguiendo las pautas del método científico, el cual se fundamenta en la observación o detección de un fenómeno, medición, colección de datos y repetición del experimento. En base a los datos reunidos se establece una hipótesis cuya validez se confirma o descarta de acuerdo a su capacidad de predecir los resultados de nuevos experimentos. Por el contrario, las pseudociencias, a pesar de asemejarse a la ciencia por usar su mismo lenguaje, se fundamentan en anécdotas o evidencias no verificables. Por ejemplo, la pseudociencia acepta la existencia de los OVNIS (y la de seres extraterrestres) en base a relatos personales y evidencias fotográficas. La ciencia, por otro lado, no puede profundizar en el estudio de los OVNIS porque no es un fenómeno que el científico pueda observar o detectar en forma directa. Esto hace que la ciencia, paradójicamente, pueda estudiar fenómenos naturales que ocurren a millones de años luz como son las supernovas y no un fenómeno que ocurre en la tierra como son los OVNIS.

De acuerdo a Jeffrey Schaler, un exprofesor de la Escuela de Asuntos Públicos de la Universidad Americana, cuando algunas personas no pueden reconciliar sus creencias con los datos científicos, dejan de lado a la ciencia y se refugian en el misticismo (1). Según Scott Lilienfeld, profesor asistente de la Universidad de Emory, “la principal diferencia entre la ciencia y las pseudociencias no radica en su contenido sino en el enfoque empleado para valorar las evidencias” (2). La ciencia busca cualquier tipo de información relacionada al objeto en estudio (aún si ésta contradice la hipótesis que se trata de probar) y la incorpora en su corpus de conocimiento. En contraste, las pseudociencias tienden a evitar el análisis de cualquier información contradictoria sobre el tema, o la reinterpreta de forma que apoye sus afirmaciones. De este modo, las pseudociencias anulan el mecanismo de auto corrección que caracteriza a la ciencia y que es esencial para el avance del conocimiento.

Para muchos, el mal que causa la pseudociencia va más allá del de promover creencias inocuas, ya que al usar el vocabulario científico en forma ambigua, ensucia el terreno de la ciencia y confunde a quienes intentan abordarla. Donde la pseudociencia produce el mayor daño es, probablemente, en el campo de la salud ya que existen numerosos ejemplos que demuestran que creer en las charlatanerías puede tener consecuencias nefastas. A continuación doy dos ejemplos de pseudociencia en la salud; uno donde afirman haber desarrollado un filtro solar bebible y otro, el de una empresa (Nativis) que asegura conocer una tecnología que permite sustituir un fármaco por un campo de fotones. También presento un tercer ejemplo, el cual es diferente a los anteriores en cuanto a que no es un tema de pseudociencia convencional pero trata un tópico asociado a una práctica de mala ciencia que se arraigó en la sociedad a consecuencia del acto fraudulento de una persona vinculada a la ciencia, cuyo efecto perdura en el tiempo pese a haberse establecido su origen falaz. Me refiero al surgimiento del movimiento antivacunas que tuvo lugar a fines de la década de los 90, a consecuencia de un estudio publicado por Andrew Wakefield en la revista británica The Lancet.

Introducción al libro “Temas de Ciencia en la Salud”

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“Las virtudes de la ciencia son el escepticismo y la independencia del pensamiento”-Walter Gilbert

“La salud es el estado sobre el cual la medicina no tiene nada que decir”                 –Wystan H. Auden (1907-1973)

El avance tecnológico en el área de las comunicaciones ha impactado notablemente el estilo de vida del ser humano. A través del internet tenemos en la actualidad acceso inmediato a las noticias, incluyendo a las referidas al ámbito científico. Este hecho permite que el conocimiento científico que antes quedaba limitado a un grupo selecto de investigadores llegue a una amplia franja de la población.

El problema con el que nos enfrentados ahora, es que quien desea aprender sobre un tema en particular se encuentra con una cantidad abrumadora de información, la cual no siempre es precisa ni veraz. El tema relacionado a la salud es uno de los más difundidos y, probablemente, uno de los que reúne la mayor cantidad de información chatarra. Este hecho dificulta considerablemente la labor de quien intenta informarse adecuadamente en un área, ya que el mero acto de encontrar y seleccionar la información demanda tiempo y esfuerzo. Frente a esta realidad, en este libro intento presentar información sobre algunos temas de salud de interés general, en forma veraz y sencilla y, en lo posible, de modo entretenido. El resultado es una obra corta que intenta cautivar la atención de personas con interés por la ciencia y con conocimientos básicos de biología. Para facilitar el entendimiento de su contenido, el libro incluye un glosario con vocablos científicos, correspondiente a palabras que aparecen en negritas y subrayadas.

Cuando comencé a escribir a principios del año 2016, se me ocurrió que un escrito que tratara sobre temas generales de salud, no debería dejar de lado el cáncer, ya que se trata de un mal que genera mucho sufrimiento y mata a más de 8 millones de personas por año en todo el mundo. Dada la amplitud del tema, decidí limitarme a escribir sobre el desarrollo de la inmunoterapia; una forma novedosa de tratar el cáncer que se introdujo a principios de la presente década y que está revolucionando el campo de la oncología.

Un segundo tema que a mi criterio reúne las condiciones de inclusión en este libro es el del alzhéimer ya que se trata de una enfermedad mortal, progresiva, que afecta globalmente a más de 30 millones de personas, para la cual no hay cura ni forma de detener su progresión. En este libro presento información que puede ayudar al lector a entender la complejidad de la enfermedad y, quizás, los motivos de los fracasos en los intentos de encontrar una cura.

En este escrito también incluyo los avances efectuados en el tratamiento de las enfermedades causadas por el virus del Ébola (VE) y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Ambos virus se hicieron notorios con cinco años de diferencia, sin embargo, por la magnitud con la que se diseminó en la población, el VIH (el virus que causa el SIDA) fue el que recibió más atención. Esta situación se revirtió momentáneamente en el año 2014, cuando el VE infectó a residentes de zonas altamente pobladas de África con un alto porcentaje de mortalidad. El efecto causado por estos dos virus valió para mostrar la impotencia de la medicina moderna para frenar a corto plazo epidemias causadas por virus desconocidos y también para demostrar la capacidad de respuesta (buena o mala) que tiene la ciencia frente a casos de emergencia sanitaria. En este libro, el lector encontrará información relacionada a la crisis causada por el VE y al golpe final que se espera que la ciencia proporcione para erradicar por completo el VIH.

En mi primer libro, “Agentes Terapéuticos: Ciencia o Cháchara al Servicio de la Salud”, puse especial atención en destacar la importancia de los productos naturales en la medicina como fuente de nuevos fármacos, y en la salud, a través de la alimentación. Si bien la percepción general es que los productos naturales son siempre beneficiosos para el ser humano, la realidad indica que hay un sinnúmero de productos naturales que afectan y han afectado adversamente la salud de la población a lo largo de la historia. Por ese motivo, en este escrito describo anécdotas que vinculan a ciertos productos naturales tóxicos para la salud con celebridades del pasado, e información acerca de dónde se encuentran en la naturaleza, sus estructuras y modo de acción.

Los avances de la medicina y las mejoras en la sanidad e higiene condujeron a un aumento constante en la expectativa de vida de la población, hecho que es especialmente notorio en los países del primer mundo. Sin embargo, los beneficios que la ciencia brinda a la salud de la población tienen un costo económico que la sociedad debe pagar de un modo u otro. Dado que la escalada en el costo de los medicamentos está causando que una porción cada vez más amplia de la población no pueda acceder a los nuevos fármacos y está poniendo en peligro la estabilidad de los sistemas de salud de los países más avanzados, consideré que era oportuno dar una idea sobre algunos de los factores que explican el fenómeno.

La información relacionada con la salud podemos agruparla en dos categorías: científica y no científica o pseudocientífica. En este libro me limito a presentar solo información de origen científico por ser la única que contribuye al progreso de la medicina. Dado que en ciertos casos los tratamientos basados en información pseudocientífica pueden tener efectos adversos en la salud, consideré necesario incluir un capítulo sobre pseudociencias que contenga pautas que ayuden al lector a reconocer la categoría y calidad de la información a la que se accede.

  • Tabla de Contenidos
  • Capítulo 1.  Los peligros de creer  en las pseudociencias
  • Los secretos del tarot
  • Una mirada crítica al pensamiento mágico de las pseudociencias
  • El caso del filtro solar bebible
  • La radiación electromagnética y su efecto sobre la salud
  • Importancia de los filtros solares
  • ¿Habrán quedado obsoletas las cremas de protección solar?
  • El caso Nativis o acerca de cómo diferenciar entre ciencia y fantasía
  • El anuncio
  • Lo que dice Nativis
  • Lo que dice la ciencia
  • Cómo diferenciar la ciencia de la fantasía
  • El movimiento antivacunas
  • Ante la duda, mejor apostar por la ciencia
  • La obsesión de Jim Carey
  • Cómo detectar las afirmaciones pseudocientíficas
  • Referencias
  • Capítulo 2.   Inmunoterapia, nueva  arma contra el cáncer
  • Del gas mostaza a la inmunoterapia
  • El camuflaje, una vieja estrategia de guerra           38
  • ¿Por qué recién ahora usamos al sistema inmunológico como un aliado en la lucha contra el cáncer?
  • No está muerto quien pelea
  • Los linfocitos T y el sistema inmunitario
  • Activación de los linfocitos T
  • Inhibición de la respuesta inmunológica
  • Inhibidores de CTLA-4 o anti CTLA-4
  • Inhibidores de PD-1 y PD-L1
  • No hay rosas sin espinas
  • ¿Podemos cantar victoria?
  • Referencias
  • Capítulo 3.  La cura del alzhéimer,  una asignatura pendiente
  • ¿Por qué estamos fracasando en la cura?
  • La ciencia del alzhéimer
  • El cuento del huevo y la gallina
  • La hipótesis amiloide
  • La hipótesis tau
  • La hipótesis colinérgica
  • ¿Existen otras estrategias?
  • ¿Cuánto de genética hay en el alzhéimer?
  • ¿Estamos detrás de la prevención o de la cura de la enfermedad?
  • ¿Cuán lejos estamos de la cura?
  • Referencias
  • Capítulo 4. Sobre el virus del sida y ébola
  • Generalidades
  • El virus de Ébola: lecciones de la gran epidemia del año 2014
  • La epidemia del año 2014
  • ¿Cuánto se sabe sobre el virus de Ébola?
  • ¿Cuán lejos estamos de poder controlar una epidemia de VE?
  • La próxima epidemia
  • La erradicación del virus del SIDA           
  • El VIH y su modus operandi
  • Los antirretrovirales
  • La estrategia de patear y matar
  • ¿Qué tan lejos estamos de poder eliminar el material genético del virus VIH-1 de un individuo infectado?
  • Referencias
  • Capítulo 5.   Productos naturales  tóxicos para la salud    
  • Generalidades
  • La estricnina (Strychnos nux-vomica)
  • Planta de cala (Zantedeschia aethiopica)
  • La cicuta (Conium maculatum)
  • La belladona (Atropa belladona)
  • La digital (digitalis) y el árbol del suicidio (cerbera odollam)
  • White snakeroot (Ageratina altissima)
  • El ricino (Ricinus communis)
  • La vigencia de Paracelso
  • Referencias
  • Capítulo 6.  El precio de los  medicamentos
  • El precio de los genéricos           
  • El caso Valeant y los buitres financieros
  • El precio de los nuevos medicamentos 
  • La utilidad del medicamento como base para establecer su precio de mercado. El caso Sovaldi
  • ¿Qué es la hepatitis C y cuál es su frecuencia?
  • Ventajas y desventajas de Sovaldi®
  • ¿Quién se traga semejante pastilla?
  • ¿Cómo se establecen los precios de los fármacos nuevos?
  • Referencias
  • Glosario         
  • Agradecimientos       
  • Índice analítico